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miércoles, 9 de diciembre de 2020

'Escenas de la vida parroquial', de George Eliot

Escenas de la vida parroquial contiene los tres primeros relatos de George Eliot: El triste destino del reverendo Amos Barton, La historia de amor del señor Gilfil, El arrepentimiento de Janet. Además, en un apéndice titulado «Cómo llegué a escribir relatos de ficción», habla de las dudas que le asaltaban al redactarlos, de lo que le decían sus conocidos, de cómo llegó a convencerse de su capacidad para ser novelista.

El primero tiene un argumento más directo que los otros dos y presenta unas dificultades de convivencia más cercanas a nosotros. El reverendo Amos Barton, un hombre bueno pero poco dotado para las relaciones sociales, tiene dificultades de aceptación en su parroquia y, sobre todo, sufre debido a la enfermedad grave de su mujer, Milly, una persona bondadosa y querida por todos. En el segundo relato el protagonista es el pastor Gilfil, unas décadas anterior a Amos Barton en la misma parroquia de Shepperton, y la historia cuenta cómo llegó a casarse con una desgraciada chica italiana, Caterina. En el tercero, que tiene lugar en la ciudad de Milby, asistimos a las tensiones «teológicas» y ciudadanas en torno al moderno reverendo Edgar Tryan, y a su influencia en Janet, la esposa de un hombre violento que ataca ferozmente a Tryan.

A George Eliot se la suele criticar por emplear su aguda ironía precisamente contra las mujeres —«¡Pobres corazones femeninos! Dios me libre de reírme de vosotros…»—, y por sus acentos de superioridad condescendiente cuando se refiere al mundo provinciano —en «el nivel intelectual de Shepperton es la repetición, no la novedad, lo que produce mayor efecto; y las frases, al igual que las melodías, tardan mucho tiempo en sentirse como en casa en el cerebro»—. Pero, sea como sea, sus observaciones al paso suelen ser pertinentes y certeras.

Por ejemplo: «Las distinciones sutiles son problemáticas. Es mucho más fácil decir que una cosa es negra que diferenciar el tono específico de marrón, azul o verde que realmente irradia. Es mucho más fácil decidir que tu vecino es un inútil que tratar de comprender unas circunstancias que le obligarían a uno a cambiar de opinión». O bien: «La calumnia puede derrotarse con la ecuanimidad; pero los pensamientos valientes no pagan la cuenta del panadero, y la fortaleza en ninguna parte se considera una moneda de curso legal para la carne». O esta otra: «Las emociones intensas gracias a las que la vida de un ser humano cambia de rumbo conquistan su victoria como lo hace el mar: aunque su avance sea seguro, a menudo, después de una ola más poderosa de lo habitual, parece retroceder hasta perder todo el recorrido ganado».

George Eliot. Escenas de la vida parroquial (Scenes of Clerical Life, 1858). Barcelona: Alba, 2013; 542 pp.; col. Alba Clásica; trad. de Marta Salís; ISBN: 978-84-8428-855-8.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Cuentos, de Alexander Pushkin

Tiempo atrás, la lectura de Seis grandes escritores rusos me animó a buscar relatos cortos de Alexander Pushkin que no había leído: La dama de pique (1833), o La dama de picas en otras ediciones, una historia que abre camino a la novela psicológica, y los Cuentos del difunto Iván Petróvich Belkin (1831), cinco narraciones con una introducción en la que Pushkin finge ser el editor de los cuentos del tal Belkin, a quien, a su vez, se los contaron distintos narradores.

La excelente introducción explica que son relatos ceñidos al incidente que se narra, sin digresiones innecesarias y con una exposición sobria en la que no hay adornos ni didactismo alguno; que Pushkin suele caracterizar a sus personajes mostrando sus comportamientos y conduciendo los relatos al momento en el que se revela el carácter; que se podrían comparar con dibujos a pluma frente a los cuadros con más profundidad que lograría Gógol más tarde.

La dama de pique trata sobre un joven oficial de origen alemán que siempre observa jugar pero nunca juega, aunque un día le contaron las hazañas en la mesa de juego de una anciana condesa y se obsesiona con averiguar cómo lo hizo. Además, se enamora de la joven pupila de la condesa. Así que un día decide ir a ver a la anciana para pedirle que, antes de morir, le revele su secreto. Pero las cosas evolucionan de un modo inesperado.

Los Cuentos de Belkin son, después de la introductoria «Nota del editor», El disparo, La nevasca, El sepulturero, El maestro de postas, La señorita campesina. El disparo está centrado en un singular personaje llamado Silvio, jugador de cartas y extraordinario tirador, que acaba reclamando un duelo a un antiguo rival. La nevasca trata de una boda secreta, aparentemente frustrada por una gran nevada, y de cómo, pasado el tiempo, la novia vuelve a enamorarse y entonces sale a la luz lo que de verdad ocurrió entonces. El sepulturero es un tipo sombrío al que sus vecinos invitan a una cena, pero allí se siente ofendido y habla de organizar una cena con sus clientes…, que resultan ser los cadáveres que ha enterrado, nada satisfechos por cierto. En El maestro de postas el narrador habla de la hija del encargado de una casa de postas, a quien conoció en un viaje y de la que más adelante averiguó que se había ido de su casa y abandonado a su padre. La señorita campesina es una chica noble que, haciéndose pasar por aldeana, se tropieza con un vecino noble y ambos se van enamorando en encuentros sucesivos, pero ella no ve la manera de deshacer el enredo.

Menos los dos últimos los demás pueden calificarse de relatos de fantasía, bien porque contienen algún elemento de tipo más o menos sobrenatural, o bien porque sucede una casualidad asombrosa. Da idea del estilo directo de Pushkin, por ejemplo, el momento en el que, en La señorita campesina, el narrador indica que «por mi deseo, no dudaría en describir con todo detalle los encuentros de los dos jóvenes, la creciente inclinación mutua y confianza, sus ocupaciones y conversaciones; pero sé que la mayor parte de mis lectores no compartiría mi deleite. Estos pormenores por lo general resultan empalagosos, por tanto voy a omitirlos». Y, al final, termina del siguiente modo: «los lectores me excusarán de la innecesaria obligación de describir el desenlace».

Y un ejemplo de las muchas observaciones bienhumoradas que salpican las historias está en El maestro de postas, cuando el narrador habla de que se ha acostumbrado ya a que haya funcionarios o trabajadores que no lo atiendan a él, aunque tenga derecho, y siempre prefieran atender primero a la gente de clase alta: «En realidad, ¿qué sería de nosotros si en lugar de la regla comúnmente aceptada: las jerarquías deben respetarse, se introdujera otra, por ejemplo: la inteligencia debe respetarse? ¡Qué discusiones surgirían entonces! ¿Y a quién empezarían a servir los criados?»

Aleksandr Pushkin. Relatos contenidos en Narraciones completas. Barcelona: Alba, 2015; 568 pp.; col. Alba Minus; trad. e introducción de Amaya Lacasa; ISBN: 978-84-90651179.
Otra edición de La reina de picas en Madrid: Nevsky, 2016; 81 pp.; ilust. de Sandra Rilova; trad. de Marta Sánchez-Nieves; ISBN: 978-84-944555-5-1.