miércoles, 29 de julio de 2020

'Encrucijadas de nuestra época', editado por Ignacio Aréchaga

Encrucijadas de nuestra época. Doce alternativas para decidir el futuro, libro editado por Ignacio Aréchaga, recopila textos publicados en el pasado en Aceprensa acerca de doce temas, que enumero a continuación y de los que pongo algunos ejemplos: «Un trabajo a favor de la familia» (liderazgo femenino, flexibilidad laboral…), «Rediseñar el ser humano» (transhumanismo, manipulación genética…), «Prejuicios sobre la religión» (ciencia y fe, cómo defender la fe sin levantar la voz…), «Género y sentimentalismo» (leyes LGTBI, homosexualidad…), «El cuidado al final de la vida» (morir con dignidad, cuidados paliativos…), «La emoción populista» (la burbuja progresista, la revuelta cultural contra las élites…), «Libres para educar» (conciertos educativos, educación diferenciada…), «Familia y derecho al hijo» (gestación subrogada, padres que impiden crecer…), «Tan comunicados y tan solos» (posverdad, la era de las distracciones…), «El nuevo mapa religioso» (la secularización, convicciones adquiridas y heredadas…), «La figura del padre» («ser padre es cosa de hombres»…), «Un mundo sin rendición a las drogas» (legalización sí o no, la carrera contra el dopaje…). Este comentario resume bien el contenido de los artículos. 

Ignacio Aréchaga (editor). Encrucijadas de nuestra época (2019). Madrid: Aceprensa, 2019; 326 pp.; ISBN: 978-84-321-5204-7. En versión para Kindle: ASIN: B0861BJDLM.

miércoles, 22 de julio de 2020

'El señor Marbury', de Alfonso Paredes

El señor Marbury, de Alfonso Paredes, es una novela fluida que se lee con gusto y que parece tener una componente autobiográfica. Tiene tres partes, se desarrolla en 130 capitulitos de dos o tres páginas, y trata de la vida familiar de un abogado de un ficticio Somerset. En sus páginas se narran conversaciones e incidentes del protagonista con su mujer y sus cuatro hijas, de 5 a 12 años más o menos, y con otros matrimonios que son amigos o familiares. Lo que caracteriza la narración, en tercera persona pero casi siempre desde dentro del señor Marbury, un abogado de unos cuarenta años, es un tono reflexivo acerca de la vida, continuamente apoyado en obras literarias de distinto tipo que el protagonista y su mujer leen y comparten. Hay citas de Enrique García-Máiquez, Rainer María Rilke y Fabrice Hadjadj para encabezar cada una de las tres partes; hay poemas y versos de autores como Miguel D’Ors, Julio Martínez Mesanza o Karmelo Iribarren, entre otros; hay referencias a novelas de William Saroyan y a  escritores como Chesterton, entre muchas más. En conjunto el libro deja una visión optimista y esperanzada de la vida, de una vida matrimonial y familiar entendidas cristianamente, y trasmite una forma combativa y bienhumorada de hacer frente a las deficiencias propias y ajenas. 

Alfonso Paredes. El señor Marbury (2020). Madrid: Homo Legens, 2020; 208 pp.; ISBN: 978-84-18162-14-5.

jueves, 16 de julio de 2020

'Sigo aquí', de Maggie O'Farrell

Sigo aquí, libro de relatos de Maggie O’Farrell que se subtitula «Diecisiete roces con la muerte», es el primer libro que leo de la escritora norirlandesa. Se podrían calificar de historias de autoficción, pues cada una de las diecisiete habla de un momento en el que, de distintos modos, vio la muerte de cerca. Todas tienen en común una prosa transparente y un tono esperanzador vitalista muy de agradecer.

Algunas se refieren, simplemente, a situaciones en las que más tarde se dio cuenta de lo cerca que había estado de morir, como una vez en la que sintió temor ante un acompañante que se le acercó durante un paseo y, días más tarde, ese personaje asesinó a una chica como ella en unas circunstancias parecidas («Cuello. 1990»), u otra en la que se adentró imprudentemente en el mar y estuvo a punto de morir ahogada («Pulmones. 2000»).

Otras hablan de alguna enfermedad grave, como «Cerebelo. 1980», acerca de una encefalitis que sufrió cuando tenía ocho años. Al narrarla recuerda a sus padres porque, dice, «ahora que tengo hijos considero este episodio con otra perspectiva», y, más adelante, señala cómo, «cuando engendramos una vida nos abrimos al peligro, al miedo. Al coger a mi hijo en brazos me daba cuenta de lo vulnerable que era yo a la muerte: fue la primera vez que eso me asustó. Sabía demasiado bien lo fina que es la membrana que nos separa de ese lugar y la facilidad con la que puede perforarse». Por otro lado, esa enfermedad le dejó, ¿sorprendentemente?, una huella positiva: «Haber estado a punto de morir a los ocho años me hizo tomarme la muerte con optimismo, tal vez en exceso. Sabía que un día llegaría y no me asustaba; al contrario, la proximidad de la muerte me parecía casi familiar. Saber que tenía la suerte de estar viva, que con la misma facilidad podía haber muerto, cambió mi mentalidad. Seguir viva me parecía un regalo, un premio, una bendición: podía hacer con mi vida lo que quisiera. Y, además de engañar a la muerte, me había librado de quedarme paralítica. ¿Qué otra cosa podía hacer con mi independencia, con mi condición ambulatoria, sino sacarle todo el provecho posible?».

Tiene una especial intensidad «Recién nacida y torrente sanguíneo. 2005» acerca de un aborto espontáneo que tuvo. En ese texto dice: «Existe una corriente de pensamiento en el mundo que espera que las mujeres superen el aborto como si no hubiera pasado nada, que lo metabolicen rápidamente y sigan con su vida. “Es como una menstruación mala”, le dijo su suegra a una amiga mía con mucho desparpajo. Y yo digo: ¿por qué? ¿Por qué tenemos que seguir como si no hubiera pasado nada fuera de lo normal? Porque no es normal concebir una vida y después perderla. Estos sucesos tienen que señalarse, respetarse, hay que darles lo que les es debido. Se trata de una vida, por muy pequeña y germinal que sea. Es un conjunto de células tuyas y, en casi todos los casos, de alguien a quien amas. Sí, claro que pasan cosas peores todos los días, eso no lo puede negar nadie que esté en su sano juicio. Pero despreciar un aborto como si no fuera nada, como algo que hay que encajar, y seguir adelante es hacernos un flaco servicio a nosotras mismas, a nuestros hijos vivos, a esos seres incipientes que vivieron tan poco en nuestras entrañas, a que nos imaginamos durante las pocas semanas de embarazo, a esos niños fantasma que todavía llevamos en la cabeza, a los que no lo consiguieron».

También es conmovedor «Hija (Hoy en día)» cuyo hilo es un episodio angustioso cuando, durante un viaje que hizo a Italia con su marido y su hija y a esta, enferma de anafilaxia, se le presenta una crisis aguda inesperada y deben encontrar a toda prisa un hospital. En la narración recuerda situaciones por las que su hija, y su marido y ella, han pasado antes y dice: «Estarás tan agradecida a las personas que demuestran bondad y compasión con ella que casi no podrás contenerte. Tienes que recordarte que debes ser sensata, no emocionarte, cuando encuentras a estos ángeles terrenales, que no debes abrazarlos con una fuerza alarmante ni darles las gracias una y otra vez». Y, pasada cada crisis, dice, de nuevo con un optimismo de lo más alentador, que «te vas a la cama por la noche y respiras en la oscuridad y piensas: un día más. La he mantenido viva un día más. No te perturbarán la amigdalitis, la apendicitis, un niño calado hasta los huesos al principio de un paseo largo, los vómitos, unas rodillas con rasponazos, las astillas, los vaqueros tiesos de caca de perro, un yogur en todo el pelo en el preciso momento en que vas a embarcar en un vuelo internacional, un lago de champú derramado en el suelo del cuarto de baño, las visitas a urgencias por heridas, esguinces y golpes, garabatos de lápices de colores en una pared recién pintada, goteras en el tejado de casa, un aspirante a conductor que se carga un coche. Esas cosas son menudencias; lo crucial es la vida».

Maggie O’Farrell. Sigo aquí. Diecisiete roces con la muerte (I Am, I Am, I Am, 2017). Barcelona: Libros del Asteroide, 2018; 266 pp.; trad. de Concha Cardeñoso Sáenz de Miera; ISBN: 978-8417007713.

jueves, 9 de julio de 2020

'El águila en la nieve', de Wallace Breem

El argumento de El águila en la nieve, del inglés Wallace Breem (1926–1990), comienza el año 406. El general Máximo defiende la frontera en el Rin con una sola legión. Cuando sus peores temores se cumplen, pues el río se hiela, ha de hacer frente a las tribus bárbaras (de alanos, cuados, marcomanos, alamanes y vándalos) que desean imperiosamente ocupar la Galia. Cuenta la historia el mismo Máximo, cuando ya es un anciano. Antes de llegar al momento cumbre de su relato, habla rápidamente de su familia, de su primo Juliano, con el que tendrá enfrentamientos más adelante, y de su época en Britania, donde se casó y donde murió su esposa, y donde hizo amistad con Quinto, un gran oficial de caballería que le acompañará ya siempre. Después el relato se ralentiza y se centra en todas las disposiciones que va tomando para cumplir la misión que le han encomendado.

La historia tiene tres apoyos principales. Uno, la descripción de la personalidad de Máximo: su carácter íntegro y su lealtad a Roma —ciudad que nunca pudo visitar—, su competencia profesional y su dureza casi sin paliativos, sus creencias religiosas mitraístas. Otro, la presentación del conflicto fronterizo, con el funcionamiento de la maquinaria burocrática del imperio en las ciudades lejanas, el juego canalla de las negociaciones entre romanos y bárbaros, el agobio de los pueblos del otro lado de la frontera, enemistados entre sí y presionados a su vez por los hunos, etc. Y un tercero, los aspectos relativos a las operaciones y movimientos de tipo militar, una cuestión que no se puede seguir bien en la edición española que conozco, pues no tiene mapas, un incomprensible fallo en un libro como este.

La narración es pormenorizada pero ágil. Logra transmitir los sentimientos crecientes de desesperanza y desmoronamiento del mundo conocido que podían tener algunas personas de la época. La tensión va en aumento pues, en efecto, se sabe que lo inevitable se acerca, la batalla final es verdaderamente trágica e intensa, y el punto de vista narrativo es perfecto para comunicar al lector todos los vaivenes de pesimismo y optimismo del bando romano. Luego, tal como hacen otros escritores digamos que de la misma raza —yo compararía parcialmente a Breem con Rosemary Sutcliff, y he visto que otros le comparan con Robert Graves o Mary Renault, escritores que yo no conozco lo bastante—, los diálogos son magníficos, tal vez demasiado buenos, pero en cualquier caso es muy de agradecer tanto cuidado e inteligencia en cada intercambio dialéctico.

Wallace Breem. El águila en la nieve (Eagle in the Snow, 1970). Madrid: Alamut, 2012, 2ª ed.; 319 pp.; col. Serie histórica; trad. de Núria Gres; ISBN: 978-84-9889-015-0.

jueves, 2 de julio de 2020

'Eugenia Grandet', de Honoré de Balzac

Eugenia Grandet es, tal vez, la novela más popular de Honoré de Balzac. Forma parte de La comedia humana, pero es una narración completa en sí misma, y se suele decir que, después de El avaro, de Molière, en ella figura el avaro más famoso de la literatura.

Se sitúa en la época de la restauración borbónica y se centra en el tío Grandet, un bodeguero provinciano que se hace muy rico gracias a su habilidad y a su dureza. Vive con su mujer, su hija Eugenia, y una fidelísima criada. Eugenia es una chica que vive recluida e ignorante de los manejos de su padre, y que tiene varios pretendientes que buscan, tanto ellos como sus familias, acceder a su futura fortuna. Ella no les hace mucho caso hasta que, un día, llega a su casa, desde París, su primo Charles, y ambos se enamoran. Pero, debido a las noticias que le llegan acerca del padre de Charles, el tío Grandet se opone rotundamente a la relación y a cualquier futuro compromiso.

Los dos primeros tercios de la narración muestran el aumento progresivo de la avaricia, y de la habilidad sin escrúpulos para los negocios, de Grandet. Así, al principio se habla de que «financieramente hablando, el señor Grandet tenía algo del tigre y de la boa; sabía tenderse en el suelo, encogerse, observar largo rato su presa, arrojándosele encima, después abría las fauces de su bolsa, engullía una carga de escudos y se acostaba tranquilamente, como la serpiente para digerir, impasible, frío, metódico». Hacia la mitad de la historia Eugenia empieza a mirar a su padre con otros ojos y, poco a poco, el relato mostrará la evolución de su carácter. Al final el narrador dirá que, a pesar de «las mezquindades de su educación y de su vida primera», fue una mujer que demostró una singular grandeza de alma.

Honoré de Balzac. Eugenia Grandet (Eugénie Grandet, 1833). Madrid: Siruela, 2010; 232 pp.; col. Tiempo de clásicos; trad. de Mauro Armiño; ISBN: 978-8498413762.