jueves, 23 de enero de 2020

'Paradero desconocido', de Catherine Kressman Taylor

Paradero desconocido, de Catherine Kressman Taylor, es una obra de ficción de 1938 que anunció el nazismo de una forma que, vista hoy, parece sorprendente (aunque no lo era para quien había leído con atención a Hitler y se lo había tomado en serio). También es un relato sobre una amistad traicionada: no sé hasta qué punto Fred Uhlman se pudo inspirar en él para escribir Reencuentro.

Es una historia corta epistolar que presenta la correspondencia entre dos amigos a partir de 1932, cuando ambos se sienten muy próximos. Uno es un judío que vive en San Francisco, y el otro un alemán que ha regresado a Berlín después de vivir unos años en Estados Unidos. El primero, Max Eisenstein, pasó su juventud en Alemania y es ahora propietario de una galería de arte. El segundo es su socio Martin Schulse, que vuelve a vivir con su familia en Munich y, con el paso de los años, se hace nazi.

La narración es intensa y se puede leer de un tirón. Su fuerza está en lo bien que habla de amistad, en lo creíble que resulta la evolución de la historia, y en el duro desenlace. Y, también, en su capacidad de agitar al lector, a quien le hace plantearse indirectamente cuál cuál sería la respuesta de su conciencia, y cuál sería su comportamiento, en situaciones como las descritas, o en otras semejantes que puedan poner igualmente a prueba su integridad moral.

Catherine Kressmann Taylor. Paradero desconocido (Address Unknown, 1938). Barcelona: RBA, 2001, 2ª ed.; 76 pp.; trad. de Carmen Aguilar; ISBN 84-7901-684-1. Nueva edición en 2016; ISBN: 978-8490567289.

jueves, 16 de enero de 2020

'El honor perdido de Katharina Blum', de Heinrich Böll

En El honor perdido de Katharina Blum, con acentos explicativos y una poderosa ironía, Heinrich Böll narra los acontecimientos que condujeron a que Katharina Blum, una chica que trabajaba en el hogar de los señores Blorna, asesinara al periodista Werner Tötges.  El narrador tiene la intención de mostrar cómo la prensa sensacionalista, el PERIÓDICO, siempre citado con mayúsculas, puede arruinar la vida de una persona. De paso, se revelan las complicidades hipócritas que lo permiten.

Aunque la novela esté un tanto anticuada y tenga un explícito carácter panfletario, ha quedado como un clásico acerca del tema y es también una muestra de la fuerza narrativa del autor.

Un ejemplo de actuación periodística malévola:

«Ella se limitó a decir:

—¿Por qué ha tenido que terminar así?

Pero el PERIÓDICO lo transformó en la frase: “Era inevitable que algún día terminaría así”.

La explicación que dio el periodista a este pequeño cambio en la declaración fue la siguiente:

—Como reportero estoy acostumbrado a ayudar a las personas con dificultades de expresión».

Comenté algunas novelas y relatos más de Heinrich Böll en bienvenidosalafiesta.

Heinrich Böll. El honor perdido de Katharina Blum o Cómo surge la violencia y a dónde puede conducir (Die verlorene Eher der Katharina Blum oder: Wie Gewalt entstehen und wohin sie führen kann, 1974). Madrid: Espasa Calpe, 1995; 176 pp.; col. Grandes de Bolsillo; trad. de María Teresa Chiclana Otal; ISBN: 8423991229. Otra edición en Austral, 2010; 160 pp.; trad. de Helena Kathendal; ISBN: 978-8432248184.

jueves, 9 de enero de 2020

'Corazón que ríe, corazón que llora: cuentos verdaderos de mi infancia', de Maryse Condé

Como todo buen libro de memorias de infancia, y más si es de un lugar que me resulta poco familiar, me ha interesado Corazón que ríe, corazón que llora, de Maryse Condé, una autora que no conocía.

Con una prosa fluida y ágil, la autora recuerda su niñez en la isla francesa y caribeña de Guadalupe y también en Francia, pues su familia, de clase acomodada, viaja allí con alguna frecuencia. Se suceden juegos y descubrimientos infantiles, y el relato da cuenta de las emociones de niña y adolescente de la narradora. Al final, a mediados de los años 50 y cuando tiene unos 16 años, se marcha a París para estudiar allí, primero en el liceo y luego en la universidad. En favor de la protagonista, pero también para indicar que su relato no es complaciente, así se retrata en esos años finales: «Cuando me disponía a examinarme, con un año de adelanto, de segundo de bachillerato, era la auténtica personificación de la inteligencia disfrazada de maldad».

La narración introduce al lector en una sociedad que oscila entre la influencia francesa y las costumbres locales y acentúa cómo la narradora se va dando cuenta de los resabios clasistas de sus propios padres —«mis padres jamás eran espontáneos»—, a la vez que percibe cómo en Francia su familia, por más que tuvieran ínfulas de clase alta, era tratada con desdén —«nadie nos prestaba atención»—. La narradora señala la forma de ser dominante de su madre y, a la vez, su propia insolencia hiriente con ella, de forma que, dice, «invariablemente terminaba balbuciendo hecha un mar de lágrimas: "¡Si te muerdes, te envenenas!"».

Maryse Condé. Corazón que ríe, corazón que llora: cuentos verdaderos de mi infancia (Le coeur à rire et à pleurer – Souvenirs de mon enfance, 1999). Madrid: Impedimenta, 2019; 170 pp.; trad. y prólogo de Martha Asunción Alonso; ISBN: 978-84-17115-99-9.

jueves, 2 de enero de 2020

'Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939)', de Plácido Gil

Un libro que vale la pena conocer: Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939), de Plácido Gil. El autor, monje benedictino en la abadía de Leyre, Navarra, tenía 15 años el 18 de julio de 1936 y entonces era novicio en el Monasterio de El Pueyo, Barbastro. Tras el asesinato de todos los monjes, él trabajó primero en los comedores de los milicianos en Barbastro; luego se trasladó a Caspe, donde también fue camarero en el casino, centro de operaciones de los anarquistas y republicanos; después vivió en Poal, un pueblo leridano, con una familia que le acogió; finalmente, al terminar la guerra, pudo regresar a su casa de Lumbier, Navarra, donde le creían muerto.

El autor explica en el prólogo que sólo pretende narrar lo que vivió y que no es su intención realizar juicios políticos. Así actúa en su relato, que respira la veracidad de quien cuenta las cosas tal como las siente y las ve, y de quien no esconde la ignorancia que tenía entonces de las realidades del mundo en el que vivía. Además, aunque la historia está bien escrita, su fuerza se deriva de que no hay propósitos de armarla ni de darle color literario; incluso cabría señalar que la bondad y la fe del narrador, así como la distancia de los hechos, le llevan a mirarlo todo con altura infrecuente.

Plácido Gil. Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939) (2006). Madrid: Encuentro, 2006; 213 pp.; col. Memorias; ISBN: 84-7490-778-0.

jueves, 26 de diciembre de 2019

'El octavo día', de Thornton Wilder

El octavo día fue la última novela de Thornton Wilder. Ese dato importa porque sólo una gran madurez da el dominio necesario para abordar y controlar un argumento que, centrado en un acontecimiento singular, abarca cuatro generaciones y toca muchas teclas distintas. Puede dar idea de lo anterior decir que tiene partes de intriga detectivesca, y de huida y persecución; otras de lucha por sobreponerse a la pobreza, y también de ascensos sociales fulgurantes; otras de denuncia de los abusos laborales sobre los que se construyen algunas fortunas; otras de reflexión, sobre las consecuencias que tiene una u otra educación; más, sobre los cimientos de los Estados Unidos y sobre la imposibilidad de comprender los destinos humanos… Luego, el relato avanza hacia delante y hacia atrás con fluidez: el autor mantiene al lector en vilo, anunciando cosas que ocurrirán, buscando explicaciones en el pasado, y siendo también un tanto impredecible. Eso sí, no todo es perfecto: a la historia tal vez le sobran algunas divagaciones y preguntas retóricas en boca del narrador o en la de algunos personajes, por más que algunas sean interesantes y que, sin duda, esa sea una manera de darle un sabor particular.

En un extraordinario prólogo se presentan el escenario —Coaltown, una ciudad provinciana minera de Illinois—, los principales personajes y el misterio principal: el año 1902, al director de la empresa minera, Breckenridge Lansing, su amigo y gerente de la mina, John Ashley, le disparó por la espalda en presencia de sus respectivas esposas, Eustacia y Beata. A pesar de lo extraño del asunto los hechos no dejan lugar a dudas y John Ashley es condenado pero, durante su traslado a prisión, unos misteriosos enmascarados aturden a los guardias y lo liberan. En sucesivos capítulos la novela sigue la escapada de Ashley hasta Chile, donde acaba trabajando en otra empresa minera; la marcha de su hijo Tom a Chicago, con 17 años, y cómo se abre camino allí como periodista; la vida difícil de Beata y sus tres hijas, que se quedan en el pueblo y terminan abriendo una pensión; y la de Eustacia y sus dos hijas e hijo. También, el relato va echando atrás la vista para saber quiénes fueron los padres alemanes de Beata y los criollos de Eustacia, y encontrar ahí algunas explicaciones o justificaciones de lo que sucedería después.

Al final del relato tendremos la explicación del título: este se propone al principio, en una fiesta para dar la bienvenida al nuevo siglo, cuando un médico escéptico anuncia que la humanidad inicia una etapa en la que surgirá un hombre nuevo, el hombre del octavo día. La narración contiene muchas referencias de toda clase: a la antigüedad romana; a obras literarias de muchos lugares, rusas en particular; a canciones de tipo popular o religioso, etc. Son también abundantes las explicaciones caracteriológicas: se hacen generalizaciones amplias y se obtienen, a veces, conclusiones excesivas. Pero al lector no le importará mucho pues la tensión por saber qué ocurrió es continua y, como en cualquier novela dickensiana, aparte del interés de las historias que cuentan ascensos sociales y las que hablan de la lucha por salir de la pobreza, surgen aquí y allá personajes secundarios magníficos. El narrador subraya que así, del entretejido de vidas humanas que presenta, nace Norteamérica; y conduce bien al lector a la idea de que la vida es para nosotros como un tapiz por detrás, todo hilos y nudos, en el que «no es posible ver el diseño de conjunto», tal como afirma un personaje un tanto místico. Por último, el desenlace no defrauda.

En bienvenidosalafiesta comenté también El puente de San Luis Rey.

Thornton Wilder. El octavo día (The Eight Day, 1967). Madrid: Automática, 2013; 530 pp.; trad. y notas de Enrique Maldonado Roldán; ISBN: 978-84-15509-14-1.

jueves, 19 de diciembre de 2019

'El rector de Justin', de Louis Auchincloss

El rector de Justin, de Louis Auchincloss, es una biografía de un personaje ficticio: el clérigo episcopaliano Francis Prescott, fundador y durante muchos años director de un selectísimo internado masculino norteamericano, San Justin Martyr. Es magnífica la forma en que se despliega la vida de Prescott: primero, a través del diario de Brian Aspinwall, un novato profesor de Justin que se gana la confianza de Prescott y de su esposa; luego, cuando un viejo amigo de Prescott, Horace Havistock, le hace llegar a Brian unos folios que había escrito él hacía tiempo; después, alternándose con el diario de Brian, los testimonios de algunos exalumnos y de una hija de Prescott.

El retrato del personaje queda completo —tanto su excepcionalidad humana como las debilidades que se ocultaban bajo su enorme autoridad moral ante muchos— y, con él, van apareciendo en el libro consideraciones variadas de interés.

Así, pinceladas como esta, que da un antiguo alumno sobre su madre: «Amaba a la humanidad, pero miraba con una benevolencia nebulosa, algo hastiada, a sus ejemplares concretos, incluso cuando ese ejemplar resultaba ser su hijo mayor. Papá era rígido e irritante, pero al menos se preocupaba».

O, en relación a la educación, este diálogo entre Prescott y Brian cuando, ya jubilado Prescott, pasean por el colegio, ven entrar caóticamente a los chicos en el comedor, y Brian comenta:

«—Supongo que, pese a todo, se las arreglan para entrar en el comedor —dije, algo perplejo.

—Claro que entran, pero ¿acaso las formas no significan nada para ti? Cuando hayas sido profesor tanto tiempo como yo, sabrás que las formas son las tres cuartas partes de la batalla. —Desclavó su bastón—. ¡No! ¡Nueve décimas partes!

—Me sorprende escuchar eso de alguien tan preocupado por lo esencial.

—Oh, ya lo sé, piensas que soy un viejo quisquilloso —farfulló, enfadado, mientras seguía caminando—. Pero eso es sólo porque resulta que soy viejo. Si fuera veinte años más joven y dijera lo mismo, la gente diría que soy profundo. Ésa es la maldición de ser viejo».

Louis Auchincloss. El rector de Justin (The rector of Justin, 1964). Barcelona: Libros del Asteroide, 2010; 388 pp.; trad. de Ignacio Peyró; ISBN: 978-84-92663-25-5.

jueves, 12 de diciembre de 2019

'El pasajero', de Ulrich Alexander Boschwitz

Ulrich Alexander Boschwitz fue un escritor alemán que abandonó su país en 1935 y que, después de vivir en varios países, se fue a Inglaterra, donde, por su origen y a pesar de ser judío, fue internado en un campo de concentración en la isla de Mann. Fue enviado a Australia y, cuando se le permitió regresar, en 1942, su barco fue torpedeado y falleció. En vida publicó dos novelas, una en Suecia y otra, una primera versión de El pasajero, en Inglaterra en 1939 y en Estados Unidos en 1940. Redescubierta recientemente se publicó en Alemania en 2018: el editor acompaña la historia de un posfacio donde da cuenta de todos estos datos y de cuál ha sido su trabajo.

La narración sigue a Otto Silbermann, un adinerado comerciante judío que, afectado e impresionado por los pogromos que ocurren entre el 7 y el 13 de noviembre de 1938, emprende una huida de Alemania con la intención de llegar a París, donde vive su hijo. Se cuentan los viajes del protagonista de un lugar a otro y todos sus pensamientos y dudas. La narración, escrita en cuatro semanas por el autor, tiene, según parece, algunos elementos autobiográficos, propios o de familiares. Es difícil de dejar y, a la vez, es desasosegante. Se muestran con claridad los comportamientos alterados de quienes sufren persecución y los egoístas de quienes buscan salvarse sólo a sí mismos, incluido el protagonista.

Ulrich Alexander Boschwitz. El pasajero (Der Reisende, 1939-2018). Madrid: Sexto Piso, 2019; 245 pp.; trad. de José Aníbal Campos; posfacio de Peter Graf; ISBN: 978-84-17517-12-0.

jueves, 5 de diciembre de 2019

'Happycracia', de Edgar Cabanas y Eva Illouz

Happycracia: cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas, un libro de Edgar Cabanas y Eva Illouz, habla de toda esa industria que ha florecido a nuestro alrededor ofertándonos «una variedad de servicios, terapias y productos del bienestar como medios rápidos y sencillos de transformación y crecimiento personales, bajo la asunción de que cuanto más feliz sea una persona más incrementará esta su valor personal, político y económico».

En la Introducción, los autores explican las objeciones que ven a los planteamientos que subyacen a esa supuesta ciencia de la felicidad: epistemológicas, pues es cuestionable la concepción de felicidad que maneja; sociológicas, pues es discutible que, como dicen, no alcanzar esa meta tenga su causa en deficiencias psicológicas individuales; fenomenológicas, pues se constata que no solo no da lo que promete sino que genera resultados indeseables; y moral, pues no es cierto que tanto el sufrimiento como la satisfacción puedan ser siempre opciones personales.

Como anuncian también en la Introducción, en los sucesivos capítulos hablan de la felicidad y la vida política, de la felicidad y la ideología individualista dominante, de la felicidad y el mundo laboral, de los problemas de presentar la felicidad como si fuera una mercancía emocional, de la falsa pretensión de definir qué emociones son positivas y cuáles negativas. Los autores terminan su libro así: «Esa industria de la felicidad no solo perturba y confunde nuestra capacidad para conocer las condiciones que moldean nuestra existencia; también anula y deslegitima esa capacidad, la vuelve irrelevante. El conocimiento y la justicia, antes que la felicidad, siguen siendo los valores más revolucionarios que tenemos en nuestras vidas».

Esta es una entrevista con Edgar Cabanas. Comenté y cité aquí otros libros de Eva Illouz.

Edgar Cabanas y Eva Illouz. Happycracia: cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas (Happycratie, 2018). Barcelona: Paidós, 2019; 219 pp.; trad. de Núria Petit; ISBN: 978-84-493-3556-3.

jueves, 28 de noviembre de 2019

'La edad de la inocencia', de Edith Wharton

Una novela cuyo argumento es deudor de Los europeos es La edad de la inocencia, de Edith Wharton. Se suele presentar como un relato que ataca las convenciones sociales rígidas de la época que describe, y que fustiga la hipocresía de algunas actitudes, en especial las que permiten a los hombres comportamientos que, de ninguna manera, se permitían a las mujeres. Pero es más que eso.

Nueva York, hacia 1870. El joven abogado Newland Archer está prometido en matrimonio con May Welland, cuando vuelve a la ciudad la condesa Ellen Olenska, una prima de May que abandonó a su marido, un noble polaco, situación que acepta la familia Welland aunque de ninguna manera desean que se divorcie. Newland se casa con May pero termina enamorándose de Ellen e incluso está dispuesto a huir con ella. Pero, al final, todo queda como estaba, principalmente debido al deseo de Ellen de no hacer daño a May y a su matrimonio.

La novela es un formidable retrato detallista de los modos de vivir de la época y del ambiente tan particular de las familias de clase muy alta de Nueva York. El título se refiere a la suavidad aparentemente inocente de los modos externos en ese ambiente que, sin embargo, es de una dureza inexorable cuando llega el momento de imponer sus leyes. Es el comportamiento de «una gente que temía el escándalo más que la enfermedad, que valoraba más la decencia que el coraje y que consideraba que nada era de peor educación que una “escena”, salvo el comportamiento de quienes la provocaron».

El núcleo de la crítica social que hace la novela se dirige contra la opinión de la madre de Newland, común en su sociedad, de que «cuando “pasan estas cosas”, el hombre ha hecho sin duda una tontería, pero la mujer ha cometido un delito». De hecho, la novela se centra en cómo Archer acaba viéndose a sí mismo frente «al temido argumento del caso particular. Ellen Olenska no era como ninguna otra mujer, él no era como ningún otro hombre; y por consiguiente su situación no se parecía a ninguna otra, y no respondían ante más tribunal que el de su propio juicio». Pero, al final, si su comportamiento no es igual de canalla que el de los amigos suyos a los que tanto había criticado, es gracias a su mujer y a Ellen, que se acaban comportando con notable inteligencia y altura de miras. O, dicho de otro modo, y frente a cualquier visión de la realidad en blanco y negro: si las convenciones sociales pueden ser una tapadera para la hipocresía, también pueden contribuir a que la pasión no tome el mando y al final impere la sensatez.

Edith Wharton. La edad de la inocencia (The Age of Inocence, 1920). Barcelona: RBA, 1994; 224 pp.; col. Obras Maestras de la Literatura Contemporánea; trad. de Manuel Sáenz de Heredia; ISBN: 84-473-0646-1. Otra edición en Barcelona: Tusquets, 1995; 304 pp.; col. Fábula; ISBN: 978-8472238626.

jueves, 21 de noviembre de 2019

'Los europeos', de Henry James

En su momento me dijeron, y parece ser verdad, que por ser corta y tener cierto tono de comedia ligera, Los europeos es la mejor novela para un primer contacto con Henry JamesEn ella el autor contrasta las formas de afrontar la vida de dos jóvenes europeos con las de los parientes norteamericanos a los que visitan.

Los primeros son el alegre y alocado Félix Young y su hermana mayor, la baronesa Eugenia Münster, que ha sido repudiada por su marido, un príncipe alemán. Los segundos son unos primos que viven cerca de Boston: el señor Wetworth y sus hijas e hijo, Charlotte, Gertrude, y Clifford. Felix y Eugenia son hijos de una hermana del señor Wetworth, cuyo matrimonio con un europeo la llevó lejos de Boston. Los europeos son recibidos por los Wetworth con sentimientos mezclados de satisfacción y recelo. Un rico amigo de los Wetworth, el señor Acton, se siente atraído por la baronesa, mientras que Félix y Gertrude conectan entre sí rápidamente.

Los objetivos del autor son, como la misma narración dice, retratar los modos de ser y las emociones de sus personajes, por medio de diálogos inteligentes y de pinceladas descriptivas certeras, continuamente matizadas. Esto James lo practica en cualquier momento y con cualquier personaje: por ejemplo, de lord Acton dice que «la impresión que producía su sinceridad era casi como llevar un ramo de flores: el perfume resulta muy agradable, pero a veces no se sabe qué hacer con las flores».

Pero, sobre todo, se centra por un lado en «los europeos». Así el narrador afirma que «Felix tenía siempre tantos deseos de combatir la melancolía como una buena ama de casa de tener limpio su hogar». Él mismo indica que no le interesan los grandes problemas de la existencia: «están por encima de mis posibilidades». De su hermana se dice que «era una mujer de intenciones sutilmente entrelazadas y sus propósitos no eran nunca fácilmente detectables»; en otro momento se señala que «nada de lo que la baronesa decía era completamente falso» y, continúa, «quizá haga falta añadir que nada era tampoco completamente cierto».

Por el otro lado, de la familia Wetworh la persona dibujada con más cuidado, aparte del padre, es Gertrude, de la que se indica que «tenía que luchar contra un gran cúmulo de obstáculos, tanto en el orden subjetivo —como dicen los metafísicos— como en el objetivo y, de hecho, la intención de este breve relato es, en buena parte, describir esa lucha. Lo que parecía más importante en esta repentina ampliación de los afectos del señor Wentworth y de sus hijas era la correspondiente extensión del ámbito de los posibles errores; y la doctrina —porque así se la puede llamar— de la terrible gravedad de los errores era una de las tradiciones más queridas de la familia Wentworth».

Henry James. Los Europeos (The Europeans, 1878). Alianza, 1999; 216 pp.; col. El libro de bolsillo; trad. de José Luis López Muñoz; ISBN: 978-8420634661.

jueves, 14 de noviembre de 2019

'Ya nada más', de Mario Míguez

Leí hace poco Ya nada más, una selección de poemas de Mario Míguez, autor del que había leído esta elogiosa entrada y me había interesado. Uno de los poemas que me gustaron fue

EL FUTURO

Por favor, enterrad vuestras banderas,
dejad de agitarlas vanamente,
dejad ya de intentar con triste esfuerzo
que las ondee el viento del pasado,
un viento que murió, que ya no existe.

¿Qué son vuestras banderas sino símbolos
de odio antiguo y enfermiza añoranza?
Sólo en el viento viven las banderas
y como el viento cambian, y en el viento
sus colores se apagan y se pierden.

Enterradlas. Vuestro tiempo ya es otro.
Y uníos bajo una última bandera:
la del viento que ahora está llegando,
la del viento futuro, vivo y libre.
Sentidlo, sentid cómo se aproxima.

Esperad vigilantes su llegada,
y hacia ese viento alzad la nueva enseña
y que ondee y restalle largamente,
hasta que, único símbolo de todos,
se disuelva en el viento y ya no exista.

Mario Míguez. Ya nada más (2017). Selección de poemas del autor hecha por José Mateos. Libros Canto y cuento, 2017; 66 pp.; colección DKV; ISBN: 978-8494489884.

jueves, 7 de noviembre de 2019

'La cena', de Herman Koch

Llegué a La cena, de Herman Koch, cuando leí este comentario: Sofisticados. El argumento es que dos matrimonios, en los que los maridos son hermanos, van a cenar. Cuenta los precedentes y la cena uno de los varones, profesor, y es él quien habla de su hermano —un político en ascenso a quien desprecia—, de su esposa y de su cuñada. También, según avanza la narración, se ve que la cena fue convocada para tratar un problema grave sobre los hijos de los dos.

El narrador hace muchos comentarios críticos acerca de la vida en el país, Holanda, y de la vida de tanta gente de la misma clase social alta de los personajes. Del restaurante de lujo al que van dice que es uno de esos lugares donde «uno acaba perdiendo completamente el hilo de la conversación por culpa de tantas interrupciones, como la exhaustiva explicación sobre todos y cada uno de los piñones que tienes en el plato, el eterno acto de descorchar la botella y la manía de llenarte continuamente las copas tanto si lo pides como si no». Del hospital en el que atendieron a su mujer hace tiempo dice que quiere «advertir a todo el mundo que se mantenga alejado de ese lugar». Entre las muchas convenciones sociales sobre las que ironiza una es esta: «"¿Cómo va todo en casa?" Es otra forma de decirte que quieren librarse de ti, quitarte de en medio. A nadie le interesa cómo te va en casa. Como cuando te preguntan si te ha gustado la comida: eso tampoco le importa a nadie».

Pero, sobre todo, según avanza el relato, las personalidades van definiéndose y algunos acontecimientos del pasado van conociéndose, de modo que la dirección cambia: el lector va cayendo en la cuenta de más cosas y tiene que ir revisando los juicios que ha podido ir haciendo antes. Y, tal como indica el comentario cuyo enlace puse más arriba, el relato produce impresión de honradez —el autor ha llegado a donde le han ido llevando sus premisas y no ha intentado presentar a sus personajes como mejores de lo que son ni dar respuestas que ninguno tiene— y termina por retratar a una sociedad perpleja y podrida. Esto se agrava porque, al faltarles la capacidad y la voluntad de reconocer las causas personales y sociales de los hechos que se lamentan, a los personajes se les bloquean las salidas.

Herman Koch. La cena (Het Diner, 2009). Barcelona: Salamandra, 2012; 288 pp.; col. Letras de bolsillo; trad. de Marta Arguilé Bernal; ISBN: 978-8498384260.

jueves, 31 de octubre de 2019

Conversaciones con J. M. Ibáñez Langlois

CONVERSACIONES CON JOSE MIGUEL IBAÑEZ LANGLOIS
Me dejaron hace unos meses el libro Conversaciones con J. M. Ibáñez Langlois, un panorama de la vida y ocupaciones del autor en el que me hubiera gustado que tuviera más presencia su faceta de crítico literario... Está muy bien comentado aquí y aquí.

En esta nota sólo quería dejar constancia de una pequeña anécdota.

Cuenta el entrevistado que el presidente de Chile, Frei Montalva, «convidó una noche a un grupo de escritores a comer en La Moneda, unos ocho o nueve, para pedirnos ideas sobre política cultural. Lo que ellos empezaron a formular fue más bien un pliego de peticiones: una editorial del Estado que publicara sus obras, subvenciones y adelantos para los autores que empezaban a escribir un libro, en fin, el oro y el moro».

¿Qué dijo usted?, le preguntan.

«Poco y nada: yo estaba avergonzado. Sólo quedábamos por hablar Carlos León, ese maestro de la novela corta, y yo. Frei preguntó a Carlos León qué pensaba, y él dijo que no entendía mucho lo que pedían sus colegas, considerando las condiciones penosas de pobreza, enfermedad, cárcel, en que habían escrito Cervantes, Dostoievski, Spinoza sus grandes obras. Siguió un silencio sepulcral. Luego Frei pidió mi opinión, y yo me excusé; estaba ya todo dicho por León, y se cambió de tema».

Conversaciones con José Miguel Ibáñez Langlois (2015). Santiago de Chile: Librería Universitaria, 2015; 223 pp.; entrevista de Braulio Fernández Biggs, Patricio Fernández Ugarte y Sebastián Urruticoechea Ríos; ISBN: 978-956-11-2480-6.

jueves, 24 de octubre de 2019

'Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya', de Daniel Mendelsohn

Una Odisea. Un padre, un hijo, una epopeya, de Daniel Mendelsohn, es un libro con una parte autobiográfica y otra explicativa sobre la Odisea. El autor, profesor de Clásicas, da un curso sobre la Odisea y su padre, un científico ya mayor, le pide asistir como un alumno más. Al terminarlo, ambos hacen un crucero que recorre los lugares citados en la obra de Homero. La narración, en sí misma excelente, va y viene del presente del curso, en el que los alumnos y el padre van repasando por orden la Odisea, a las anécdotas de vida familiar del padre y el hijo en el pasado, a los incidentes que ocurrirán y las conversaciones que ambos tendrán durante el crucero.

Entre las numerosas observaciones técnicas sobre la composición de la Odisea se puede destacar cómo el autor subraya la sabiduría del narrador que, introduciendo estratégicamente historias dentro de la historia, hace crecer el poema en una composición anular, como en espiral, para ir subrayando así los temas que cree importantes. El autor expone matices y significados que tiene claros pero también descubre otros nuevos que surgen, unos al hilo de las discusiones en clase, también de las provocadas por su padre, otros de sus reflexiones acerca del pasado, y otros con motivo de algunos incidentes en el crucero.

No faltan comparaciones con obras como la Eneida y, más aún, como es lógico, la Iliada. Por ejemplo, el autor señala que una de las propuestas de la Odisea es redefinir en qué consiste ser un héroe: frente a la propuesta de la Iliada en donde Aquiles opta por «una vida corta y gloriosa en vez de una vida larga y sin lucimiento» se podría decir que la pregunta de la Odisea es «en qué puede consistir el heroísmo de supervivencia»; a esto, en la Odisea es Aquiles mismo quien rechaza su propia postura: «Es como si la Iliada le dijese a la Odisea: “de acuerdo, tú ganas”».

Como el título del libro anuncia, el interés del autor es, al contar la relación con su padre a lo largo de los años, ver los paralelismos que se dan con lo que la Odisea cuenta y, por tanto, subrayar el sentido universal y permanente de sus enseñanzas. Al final concluye afirmando la verdad de uno de los más famosos versos de la Odisea: el de que pocos hijos son iguales a su padre y el de que casi todos son peores y solo unos pocos los superan pues, a fin de cuentas, el padre siempre ha vivido más que el hijo y el hijo nunca puede alcanzarlo.

Algunos aspectos de la vida matrimonial de Ulises y Penélope también se ponen en paralelo con la de los padres del narrador, un matrimonio estable y fiel que contrasta con el de otros miembros de la familia, y diferente a la situación del autor, que declara ser homosexual desde joven aunque hable también de su mujer e hijos. Una de las preguntas que se formulan es la de «¿qué aspecto tiene un buen matrimonio a los ojos de quienquiera que compusiese la Odisea?» y la respuesta, que luego lo que se narra subrayará, es la que dice Odiseo a Nausicaa: «Nada hay más poderoso ni mejor que cuando un hombre y una mujer gobiernan la casa con el mismo parecer; gran dificultad para sus enemigos, alegría para sus amigos, origen de su buen nombre».

Todo el libro es una celebración de la enseñanza. El autor, al explicar que hubo personas que le influyeron mucho, y para manifestar también su entusiasmo por su materia, declara: «Qué suerte tuve con mis profesores, que me invitaron a añadirme como un eslabón más a la cadena que conecta el pasado con el presente». No todas las genealogías son genéticas, se dice a sí mismo. Al mismo tiempo, según se va dando cuenta de cosas que desconocía y de algunos de sus errores de juicio —«en realidad, uno nunca sabe adónde nos llevará la enseñanza, quién la escuchará y, en ciertos casos, quién será el que enseñe»—, muestra cómo la Odisea habla de saber escuchar, del modo en que nuestras perspectivas personales afectan al modo en que oímos y entendemos las cosas.

Un comentario mejor al libro es este, de Enrique García Máiquez, que concluye señalando que la lectura del libro de Mendelsohn deja en el lector «la convicción de la urgente necesidad que tenemos de los clásicos para vivir bien y con intensidad». Poco antes de este libro había leído, y me sirvió mucho para una mejor comprensión del tema, leer Homero, un libro de 1972 del profesor de Oxford C. M. Bowra.

Daniel Mendelsohn. Una Odisea: un padre, un hijo, una epopeya (An Odyssey: A Father, a son, and an epic, 2017). Barcelona: Seix Barral, 2019; 410 pp.; trad. de Ramón Buenaventura; ISBN: 978-84-322-3467-5.
C. M. Bowra. Homero (Homer, 1972). Madrid: Gredos, 2013; 799 pp.; col. Biblioteca de estudios clásicos; nota de Hugh Lloyd-Jones; trad. de Marc Jiménez Buzzi; ISBN: 978-84-2493-671-6.

sábado, 19 de octubre de 2019

'John Henry Newman: El viaje al Mediterráneo de 1833'

Cualquier libro de o sobre John Henry Newman es siempre interesante. Incluso uno tan singular como John Henry Newman: El viaje al Mediterráneo de 1833, que contiene todas sus cartas respecto al episodio que se menciona en el título. Sobre él se puede leer este comentario, que da idea de su contenido. Yo quería, simplemente, poner aquí un párrafo tomado de una carta del 4 de septiembre de 1832 a un amigo:

«La gente ve que esas partes del sistema nacional que realmente dependen de la virtud personal y privada (esas que son, con mucho, las más importantes y las que más aspectos abarcan) no funcionan bien; y al no ver en qué consiste el fallo (es decir, en la falta de virtudes personales), se creen que pueden arreglar las cosas a base de aplicar sus conocimientos científicos al mejoramiento del sistema actual. De ahí que la Economía política vaya a sustituir a la moralidad; de ahí también que se nos prometan leyes que evitarán los sobornos y la corrupción; y de ahí, los proyectos de reformas en la Iglesia. Sí, sé que piensas que el sistema actual se puede mejorar en lo material, y lejos estoy yo de no querer mejorarlo en lo que se pueda, y deseoso de conceder todo lo que cualquier hombre sensato y recto pueda conceder en materia de reformas; pero, a pesar de todo, afirmaré un principio que me parece muy importante y muy olvidado: que lo mismo da un sistema que otro, si se tienen en cuenta los efectos de la voluntad humana sobre ellos; que hasta que la voluntad de los hombres no cambie el mal por el bien, la diferencia entre dos sistemas será imperceptible; y que todos los sistemas funcionan bien si se administran bien. Pero es la moda del día considerar que la mente humana es una máquina y que la educación puede hacer con ella lo que quiera; y que, de hecho, el hombre no tiene responsabilidad».

Víctor García Ruiz. John Henry Newman: El viaje al Mediterráneo de 1833 (2018). Madrid: Encuentro, 2018; 460 pp.; col. 100XUNO; ISBN: 978-8490559444.

jueves, 10 de octubre de 2019

'Silencio', de Shûsaku Endô


Silencio parece ser la novela más famosa de Shûsaku Endô, un autor del que no he leído casi nada.

Consta de un prólogo y diez capítulos. En el prólogo se cuenta que, en 1587, con el cambio del gobernador de Japón, se inició la persecución del cristianismo; luego, que en 1614 se decretó la expulsión de todos los misioneros aunque quedaron algunos ocultos; y, finalmente, que en 1637 se aprobó el plan de mandar tres sacerdotes jóvenes cuyo periplo comienza por Goa y Macao. Los cuatro primeros capítulos son las cartas de uno de ellos, Sebastián Rodrigo, donde narra los preparativos de su partida, su contacto en Macao con un extraño japonés llamado Kichijiro, y su llegada al pueblo costero de Tomogi, que resulta ser cristiano. Los siguientes, ya en tercera persona pero desde la perspectiva del personaje, se dedican a los avatares trágicos de su vida desde que lo capturan. El último capítulo, trozos de diarios de un agente holandés y de un funcionario, termina con la muerte de Rodrigo en 1660.

Intensísima narración que desea entrar en la piel del protagonista, en sus ideales y esperanzas del comienzo, y en sus crecientes dudas y temores según avanza su historia. Estos últimos se centran no en el miedo físico al sufrimiento sino en «esa sensación de que Dios sigue cruzado de brazos ante los gemidos de los hombres, de que sigue en silencio». Esto va en aumento, según avanza la novela, debido a que la táctica del señor feudal de Chikugo, el cortés y cruel Inoue, se centra en buscar que apostaten los misioneros para conseguir así que lo haga la gente: con ese motivo se suceden las torturas a otros, que los misioneros han de presenciar, y que, supuestamente, terminarían si ellos pisan públicamente las figuras de Jesucristo y la Virgen que les muestran. La novela no intenta resolver nada, sino sólo plantear el conflicto con enorme fuerza y dejar tiritando al lector.

Shûsaku Endô. Silencio (Chinmoku, 1966). Barcelona: Edhasa, 1988; 204 pp.; trad. de Jaime Fernández y José Vara; ISBN: 84-350-0540-2. Nueva edición en 2009, 256 pp.; col. Narrativas Historicas; ISBN: 978-8435062077.

jueves, 3 de octubre de 2019

'Morfina', de Mijaíl Bulgákov


Morfina, de Mijaíl Bulgákov, es un libro magnífico. Contiene ocho relatos acerca de un médico joven, ilusionado e inexperto, destinado en la provincia de Smolensk. Allí ha de hacer frente a todo tipo de dolencias: trastornos infecciosos, problemas quirúrgicos, partos complicados, etc. Morfina, una de la historias, es la descripción de una dependencia de la droga y parece ser parcialmente autobiográfica pues Bulgákov fue morfinómano una temporada. Lo que el narrador cuenta es, sobre todo, su lucha interior para no ceder ni a la tentación de la huida ni a la de una mediocridad irresponsable, y su viva conciencia, como se dice a sí mismo con frecuencia, de que «hay que aprender con humildad». Los relatos son directos, rápidos, y tienen una cierta dosis de ironía. Queda bien retratado el médico protagonista, inseguro pero también decidido, cuya dedicación a su trabajo tiene una irreflexiva pero indiscutible componente de heroísmo.

Mijaíl Bulgákov. Morfina (Morfi, 1927). Madrid: Anagrama, 1991; 174 pp.; col. Compactos; trad. de Selma Ancira; ISBN: 84-339-6707-X.

jueves, 26 de septiembre de 2019

'Iluminada', de Mary Karr

Después de sus muy tormentosas memorias de infancia y juventud —sus padres bebían mucho, su madre se casó siete veces, de niña fue violada en dos ocasiones…—, la norteamericana Mary Karr (1955-) publicó Iluminada para contar los años posteriores de su vida, no menos tortuosos. Es un relato cuyos dos primeros tercios pueden resultar deprimentes pero cuyo tramo final acaba siendo luminoso y emocionante. En la nota introductoria la escritora indica que narrará hechos verídicos de su vida tal como los recuerda, por más que haya cambiado algunas circunstancias y nombres de personas, y en las primeras páginas indica que hablará de cómo empezó a emborracharse y de lo imposible que llegó a resultarle no beber. Ahí no anuncia, sin embargo, como sí figura en todas las noticias y entrevistas acerca del libro, que su relato termina con una inesperada conversión al catolicismo: «si me llegan a decir (…) que acabaría susurrando mis pecados en un confesonario o rezando el rosario de rodillas, me habría meado de risa. ¿Pasatiempos menos improbables? Bailarina de striptease. Espía internacional. Mula. Asesino a sueldo».

Después de contar episodios de juventud con bebidas, drogas y demás, conoce a un joven poeta, de una familia rica, de quien primero se hace novia y luego se casa. Después llegan el embarazo y nacimiento de su hijo, época en la que deja de beber. Pero pronto tiene una fuerte recaída en el alcoholismo, digamos que favorecida por los problemas de compaginar trabajo, maternidad y matrimonio. En grupos de ayuda para alcohólicos hace amistad con algunas mujeres que serán su apoyo en el futuro. Tiene un accidente de tráfico y ha de ingresar en un hospital. Con motivo de pensamientos suicidas es internada en un psiquiátrico. Acepta un trabajo como profesora en la universidad de Siracusa y allí se traslada con su marido, pero enseguida deciden romper amistosamente. Comienza a rezar a su modo y hace amistades decisivas, para dejar de beber y para acercarse a la fe católica, como el escritor Tobias Wolff, que había sido su profesor, y cuya agente literaria será más adelante la suya también, y el padre Kane, el párroco católico. Se publican sus primeras memorias en 1995, libro que tiene un éxito abrumador, e ingresa en la Iglesia católica.

En la enumeración anterior no se indica lo más importante: como queda claro en el relato, y cómo contó en sus otros libros, la autora tuvo problemas muy graves en su infancia y juventud, personales y familiares, y los años posteriores continuó la «carnicería psicológica» con su madre. En el libro revive momentos del pasado con motivo de la muerte de su padre y de las muchas extravagancias de su madre, con la que tiene feroces discusiones; en una le recuerda que no fue su padre quien una vez «se plantó delante de mí blandiendo un cuchillo de carnicero», e indica que «una parte de mí sabe que resulta patético que no intentar asesinarme sea lo único que mi padre tuvo que hacer para ganar el premio al mejor progenitor»; mi madre, continúa, «no se viene abajo en operísticos sollozos, como había sido su costumbre en el pasado», pero aún así «me desahogo, dando vueltas por la estancia, vociferando como un predicador pentecostal». En fin, al final de su relato hará notar al lector que cuando te han hecho mucho daño de niño, o de no tan niño, «tu lado herido y derrotado puede aflorar en cualquier momento».

La narración está muy bien construida. Por un lado, tanto los recuerdos como los olvidos están elegidos, más allá de que haya etapas de la vida de Karr en las que, dice, su memoria tiene «más lagunas que las cintas de Nixon»; en otro momento advierte al lector que «hace décadas me entrené para desconfiar de las percepciones de aquella muchacha» pues no en vano muchas veces «iba ciega perdida»; de ahí también, dirá la escritora en una entrevista, que nunca ponga comillas a lo que dice nadie. Por otro, el tono narrativo es crudo pero está impregnado de un humor desgarrado y autoirónico que gana la simpatía del lector, y no hay autoindulgencia ni disimulo al presentar sus propias reacciones violentas: en una reunión un tipo corrige la pronunciación de otro asistente y la narradora escribe «petimetre pretencioso, pienso. Así te pegasen un tiro»; al final, después de su conversión, dirá que «cuando un tipejo hace sonar el claxon o se interpone en mi camino (…) mi mano ya no saca el dedo corazón automáticamente; un cambio pequeño, tal vez, pero de gran calado para mí».

Un aspecto notable del relato son las consideraciones que hace, al paso, acerca de algunos aspectos de la vida matrimonial. Por ejemplo, cuenta una ocasión en la que opta por algo que le incomoda como con la mente de anotarse «otro punto positivo en mi columna en este juego de tragar mierda en el que he convertido mi matrimonio. Quien se trague el bocadillo de mierda más grande, gana». Otra vez afirma: «Si le mientes a tu marido —incluso en algo tan banal como la cantidad de alcohol que consumes—, cada embuste es un ladrillo en un muro que va levantándose entre vosotros, y cuando él dice que te quiere, el muro desvía las palabras». En otro momento, cuando le dice a su marido que es un maniático y él le responde un «eso ya lo sabías cuando te casaste conmigo», la narradora concluye: «la justa protesta del hombre casado a nivel mundial, pues es un cliché que todas las mujeres firman pensando que su marido cambiará, y todos los maridos firman pensando que su mujer no; los dos se equivocan de pleno». En favor de la narradora se ha de decir que intenta ser objetiva y evitar cualquier resentimiento: no es que las quejas contra mi marido no tengan fundamento, dice, sino que ella continuamente alimenta sus rencores «como si fueran niños expósitos».

Pero lo que alza la historia muy arriba es el proceso de abandonar el alcoholismo y de acercarse a Dios. Cuando quienes intentan ayudarla a dejar la bebida le dicen que tiene que recurrir a la oración, a cualquier clase de oración, se resiste porque le repele profundamente «cualquier tipo de conversación sobre sandeces espirituales». Un día, sin embargo, enumera los motivos pequeños que tiene para estar agradecida y entonces, «por primera vez en una semana, más o menos, no me apetece nada beber»: «un ateo diría que se trata de autohipnosis; un creyente lo atribuiría a la presencia de Dios. Vamos a dejarlo en tablas y reconozcamos que el proceso de hacer una lista con mi buena fortuna detuvo el miedo cerval, y al renunciar a él, una plataforma sólida se deslizó bajo mis pies». Le parece ridículo ponerse de rodillas, como le aconsejan, porque no cree en Dios y porque además, pregunta, «¿qué clase de Dios quiere que me arrodille y suplique como una sierva?»; a lo que una de las presentes le responde: «¡Pues no lo hagas por Dios! Tienes que hacerlo por ti. Todo es por ti: las oraciones, la meditación y el voluntariado. Yo también lo hago por mí. No soy tan bondadosa»; ponerte de rodillas, continúa su interlocutora, «te da tu verdadera medida. Lo haces para enseñarte algo a ti misma. Cuando la enfermedad se apodera de mi, me dice que mi sufrimiento es especial o único, pero en realidad es como el de todo el mundo. Me arrodillo para poner mi cuerpo en ese lugar, porque de lo contrario mi cuerpo no lo capta».

En varios momentos del relato, cuando está en situaciones críticas en las que teme recaer, se encierra en el váter y allí reza desesperadamente «por favor, no me dejes acercarme al alcohol. Sé que no lo he pedido con mucho ahínco hasta ahora, pero lo necesito, de verdad. Por favor, por favor, por favor. Hago amago de levantarme, pero me arrodillo de nuevo. Y no permitas que me sienta tan gilipollas». En otra ocasión experimenta la necesidad de ponerse de rodillas y como le resulta obsceno hacerlo en público lo hace en el baño: «Gracias, quien coño seas, por mantenerme sobria»; y la narración continúa: «Y entonces lo veo. Estoy arrodillada en un retrete. El trono, como lo llaman los borrachos. Cuántas noches de borrachera y mañanas de resaca he adorado este altar, vaciándome de veneno. Y sin embargo, antes, rezarle a algo que está por encima de mí, algo invisible, me había parecido degradante». Comienza entonces a reírse de sí misma como una loca y se calla porque teme que alguien entre y piense que se le ha «ido la pinza». Da un nuevo paso para creer en Dios cuando el escritor Tobias Wolff le dice que actúa como quien no cree en Bob Dylan porque solamente ha oído los cedés y nunca lo ha visto en un concierto. Y otro más cuando el padre Kane despeja sus reticencias sobre Jesucristo explicándole algunas escenas del Evangelio que no comprende. También le convencen las actividades de voluntariado y activismo social que algunas personas de la parroquia emprenden.

No es raro que un libro como este haya sido tan aplaudido. En primer lugar, debido a su categoría literaria, nada común. En segundo lugar, por lo que tiene de testimonio inclemente de una época y unos ambientes determinados. Luego, porque respira sinceridad el modo en que la autora habla de su creciente trato con Dios y cómo enfoca su acercamiento al catolicismo; esto es más convincente todavía porque su tono está lo más alejado que uno pueda imaginarse de cualquier blandenguería y porque la historia de tantos sufrimientos pasados parece que da más legitimidad a lo que narra. De todos modos, también es claro que su popularidad no sería la misma si no fuera una católica de las que gusta tanto a medios como The New York Times: ella misma se define como una católica de cafetería —favorable al aborto y a la ordenación de mujeres, entre otras cuestiones controvertidas…—, y como una feminista combativa de las que tiene mucho que reprochar a los hombres (y sin duda tiene motivos si nos basamos en las tristes experiencias que ella y otras personas de sus mismos ambientes han tenido, aunque haya que decir en su favor que, por su parte, tampoco elude sus propias responsabilidades).

Mary Karr. Iluminada (Lit, 2009). Madrid: Periférica y Errata Naturae, 2019; 581 pp.; trad. de Regina López Muñoz; ISBN: 978-84-16291-78-6 (Periférica), 978-84-16544-98-1 (Errata Naturae).

jueves, 19 de septiembre de 2019

'Cántico por Leibowitz', de Walter Miller

Una excepción a la regla de que los relatos cortos de ciencia ficción son mejores y duran más que las novelas largas del género es Cántico por Leibowitz, de Walter Miller, «una de las novelas legendarias de la ciencia ficción», afirma el experto prologuista de la edición que cito abajo, y la mejor, junto con La carretera, de las situadas en un futuro postnuclear.

Su argumento tiene tres partes: la primera se desarrolla seiscientos años después de la Tercera Guerra Mundial, cuando en el mundo quedan muy pocos documentos que hayan sobrevivido a la Era de la Simplificación; la segunda sucede seiscientos años después, cuando la ciencia ha resurgido y se discute sobre la responsabilidad de los científicos; la tercera, otros seiscientos años adelante, comienza cuando la humanidad está volviendo a fabricar armas nucleares...

Optar por ese fraccionamiento, por narrar a paso lento, por observar periodos de poca duración, por centrar el foco en pocos personajes, por evitar cualquier hondura de tipo tecnológico, son aciertos que dan a esta novela una textura particular que la diferencia de la inmensa mayoría del género. Comparte con esa mayoría, sin embargo, la poca confianza en la sensatez final de los hombres: «¿Está la especie humana congénitamente insana?» se preguntará el abad Zerchi, el personaje que mejor representa el positivo trabajo humanizador de los monjes que Miller desea subrayar.

Walter Miller. Cántico por Leibowitz (A Canticle for Leibowitz, 1955-1959). Barcelona: B de bolsillo, 2016; 432 pp.; col. Nova ciencia ficción; prólogo de Miquel Barceló; trad. de I. Peypoch revisada por Pedro Jorge Romero; ISBN: 978-8490702246.

jueves, 12 de septiembre de 2019

'Dersu Uzala', de Vladimir Arseniev

Dersu Uzala es un relato de Vladimir Arseniev subtitulado Una aventura en Siberia. Su argumento es muy conocido debido a la magnífica película basada en él que hizo Akira Kurosawa.

En 1902, siendo un oficial del zar, el autor realiza varias expediciones de reconocimiento en la región del Ussuri, un territorio situado en Siberia oriental, en zonas fronterizas con China. En la primera encuentra un viejo cazador, Dersu Uzala, con el que entablará una gran amistad y que le acompañará en las siguientes. Su personalidad atraerá y conmoverá mucho al capitán Vladimir, y de él aprenderá también a considerar a la naturaleza como su familia y su mundo.

El autor ofrece brillantes descripciones de la naturaleza que recorre y cuenta con detalle algunos momentos dramáticos: una gran tormenta, un poderoso incendio en el bosque, distintas salidas de caza, incidentes con chinos y coreanos que a veces encuentran, etc. Pero toda la narración está dominada por Dersu, un entrañable personaje al que vemos siempre vestido con chaqueta y calzón de piel de reno, y armado con una vieja carabina y un tridente pequeño. Dersu, «nunca se agitaba, nunca perdía el tiempo inútilmente», y practicaba una especie de antropomorfismo que aplicaba a todos los seres, nos dirá el narrador. Incluso en alguna ocasión le reprende, cuando le ve actuar de un modo desconsiderado con la naturaleza, pues él «amaba la taiga y todo lo que la poblaba, cuidaba de ella tanto como podía», hasta el punto de que siempre dejaba todo preparado para quien viniera después, caminantes desconocidos o los más pequeños animales.

Vladimir Arseniev. Dersu Uzala. La Taiga del Ussuri (Dersou Ouzala, 1923). Barcelona: Debolsillo, 2016; 352 pp.; col. Bestseller; trad. de Teresa Ramonet; ISBN: 978-8497938846.