jueves, 30 de abril de 2020

'La fruta del borrachero', de Ingrid Rojas

La fruta del borrachero es la primera novela de la colombiana Ingrid Rojas Contreras, actualmente profesora en los Estados Unidos, donde su familia emigró, cuando ella era pequeña, huyendo de la violencia en Colombia durante los años noventa.

La historia está narrada en primera persona por Chula, una niña de siete años cuando comienza, y algunos capítulos por Petrona, una chica silenciosa y tímida de trece años contratada por su familia para que acompañe y cuide a Chula y su hermana mayor Cassandra. Viven en un barrio de Bogotá de buen nivel con su madre, mientras su padre, ingeniero, trabaja lejos y solo viene a casa de vez en cuando. La vida social está muy alterada: abundan los problemas como cortes de luz y agua y hay noticias continuas de violencias de distinto tipo. En el jardín de la casa hay un ejemplar de borrachero, un árbol de cuyas semillas se hace la burundanga. Mientras se va estrechando la relación de Chula con Petrona, esta se ennovia con un chico vinculado al narcotráfico. Un incidente provoca que la madre de Chula despida a Petrona y esto desencadena los acontecimientos que terminarán con Chula y su familia en los Estados Unidos.

La narración es ágil y está llena de modismos propios del habla local. Los personajes resultan cercanos, en especial las dos protagonistas y la madre, de quien Chula dice que «era alborotera y chillona» y «una coqueta incurable». El relato va ganando fuerza y tensión, en especial cuando se centra en Petrona —un personaje conmovedor—, se describen los modos de vida en el barrio de aluvión donde vive con su familia, y se ven venir todas las trágicas consecuencias de sus decisiones.

Un aspecto de interés para mí es la viveza con la que se describen algunas escenas de juegos, con sus diálogos, de las niñas y sus amigas del barrio. Por ejemplo, el humor negro —reflejo inconsciente de las escenas violentas que suceden a su alrededor— de sus juegos con barbies  sin brazos o piernas, porque Cassandra se los había arrancado, y, dice Chula, «inventábamos complejas historias sobre cómo se habían vuelto parapléjicas nuestras barbies. Pero, después, nuestro juego favorito fue el de hacer que eran veteranas y víctimas de la guerra». O, en otro momento, la descripción de una canción que les gustaba: «era fácil aprendérsela. Cortarle la cara al hombre traicionero con una navaja de afeitar era chistoso, pero apuñalarlo, arrancarle el ombligo y matar a su mamá el día de su boda era como para morirse de risa».

Ingrid Rojas Contreras. La fruta del borrachero (Fruit of the Drunken Tree, 2018). Madrid: Impedimenta, 2019; 410 pp.; trad. de Guillermo Sánchez Arreola; ISBN: 978-84-17553-01-2.

jueves, 23 de abril de 2020

'Del álbum de un cazador', de Iván Turguenev

Del álbum de un cazador, o Memorias de un cazador en otras ediciones, de Iván Turguenev, es una colección de veintidós relatos, publicados primero en una revista entre 1847 y 1851, que, cuando se reunieron en un libro, en 1852, dieron fama a su autor... y provocaron su arresto domiciliario.

En conjunto tratan del mundo rural ruso visto por un cazador que, al ir de un lugar a otro, va encontrándose y haciendo amistad con campesinos, siervos, pequeños propietarios y terratenientes. Tienen una base autobiográfica, pues corresponden a los años en los que Turguenev vivía en la hacienda de su madre, en Spasskoie. El narrador escribe anécdotas e incidentes, y hace jugosos retratos de personajes variados —algunos de los cuales aparecen en varios relatos—. Hay comentarios, del narrador o de las personas con las que se relaciona, que critican directamente, o muestran de modo irónico, muchas arbitrariedades e injusticias propias del sistema de servidumbre ruso de la época.

Así, en «Yermolái y la molinera», el señor Zerkov se queja de la que había sido doncella de su mujer argumentando que, aunque sabía que su mujer sólo deseaba doncellas solteras, tuvo el descaro de quedarse embarazada, y continúa: «La ingratitud de esta muchacha me hirió a mí, personalmente… Así es, a mí… Y el dolor duró un tiempo considerable. No me importa lo que usted diga, ¡pero no encontrará ni corazón, ni sentimientos en estas personas! No importa lo bien que se alimente a un lobo, siempre estará pendiente del bosque…».

Un tal «Ovsiánikov el Odnodvorets» (palabra que se refiere a un campesino acaudalado), dice: «ha habido muchos entre nosotros, granjeros, borrachos e incompetentes, que han sido serviles con sus señores y amos; ¡y mucho bien que les ha hecho eso! Solo han conseguido ponerse en evidencia. Les darán algún caballo de tercera que anda dando brincos y que les arrancará el sombrero de la cabeza una y otra vez, o bien los alcanzará alguna fusta supuestamente dirigida al animal, y tendrán que pretender reírse de todo y hacer que los demás se rían. No, como digo, cuanto más baja sea tu posición, más estrictamente deberás comportarte, si no terminas en el barro».

Además, no faltan estupendas descripciones: «¡Una hermosa mañana de verano del mes de julio! ¿Ha experimentado alguien, aparte de un cazador, las delicias de vagabundear entre los matojos al amanecer? Tus pies dejan huellas de verdes hojas sobre la hierba pesada y blanca de rocío. Apartas los matojos mojados, el aroma cálido acumulado durante la noche casi te asfixia; el aire se encuentra impregnado con la fragancia fresca y agridulce del ajenjo, el olor azucarado del trigo y del trébol; a lo lejos se alza un robledal como una pared, brillante y purpúreo bajo los rayos del sol; el aire aún es fresco, pero ya se presiente el calor que se aproxima».

O esta otra, justo para terminar el libro: «Y en un día de invierno, caminar a través de las altas pilas de nieve en busca de liebres, respirar el aire crudo y helado, cerrar los ojos de forma involuntaria contra el cegador brillo de la nieve suave; maravillarse ante el color verdoso del cielo sobre el bosque carmesí… Y luego están los primeros días de primavera, en los que todo brilla y el olor de la tierra cálida se eleva a través del humo pesado de la nieve que se disuelve, y las alondras cantan confiadamente bajo los rayos del sol sobre pedazos de suelo en los que la nieve se ha derretido, y con gorgojeos y rugidos alegres los ríos fluyen hacia los valles. Pero es hora de terminar. He mencionado la primavera a propósito; en la primavera es más sencillo despedirse; en la primavera incluso las personas felices se sienten tentadas a marcharse a lugares lejanos… Adiós, mi lector, te deseo eterna felicidad».

Iván Turguenev. Del álbum de un cazador (1852). El Aleph, 2011; 400 pp.; col. Modernos y Clásicos; trad. de James William Womack y Marian Via Rivera; ISBN: 978-8476699768.

jueves, 16 de abril de 2020

Libros que se van quedando atrás (2)

Libros que he leído hace semanas y de los que no he hablado aquí ni, al paso que voy, acabaré hablando. Pero, al menos, puedo dejar constancia de que me han parecido valiosos y remitir a comentarios mejores que los míos.

Uno es Breve historia de la literatura española, de Alberto de Frutos. La reseña a la que remito habla bien del libro: al leerla, hace ya tiempo, me di cuenta de que era un buen libro. Lo que no esperaba es que fuera, como es, tan bueno.

Otro libro que acabo de leer y que me ha parecido divertido, jugoso, bien escrito: Una cierta edad, un libro de Marcos Ordóñez cuyo subtítulo Cuadernos y diarios (2011-2016) explica bien su contenido. También es excelente la reseña a la que envía el enlace.

martes, 7 de abril de 2020

Libros que se van quedando atrás (1)

En una nota de diciembre de bienvenidosalafiesta me referí a varios libros de poesía que he recomendado mucho. Pensaba preparar algún comentario propio e incluirlo aquí pero la vida no me ha dado de sí o, como dicen en mi tierra, «no doy hecho». Así que, como son tan buenos libros, vuelvo a poner la noticia en este lugar, con enlaces a buenas reseñas ajenas:

—uno de poesía visual: Mar, de Echeve;

Bello es el riesgo, de Marcela Duque;

Mal que bien, de Enrique García Máiquez (otra reseña es esta);

Poesías completas 2019. Miguel D'Ors.

jueves, 2 de abril de 2020

'Intemperie', de Jesús Carrasco

Esta reseña informa más que bien de Intemperie, de Jesús Carrasco, una novela realmente poderosa. Yo no recuerdo ninguna novela española de los últimos años que me haya interesado tanto (esto no quiere decir mucho, sin embargo, pues leo más bien pocas). Su argumento es que un niño huye de su casa, perseguido por el alguacil del pueblo, y acaba con un anciano pastor de cabras, hosco pero que le da de comer y, al fin, le protege. Dos únicas prolepsis, una tranquilizadora y otra inquietante, dan alguna pista sobre lo que va a ocurrir. Su referencia más clara es, me parece, la obra de Cormac McCarthy: sin duda La carretera, por lo que tiene de viaje de un adulto y un niño por un mundo desolado, pero también sus primeras novelas violentas y desasosegantes como Hijo de Dios.

Uno de los aspectos que a mí me atrajo es lo que tiene de novela de aprendizaje, un aprendizaje singular ciertamente, que se sintetiza en una escena extraordinaria en la que el chico —después de haber huido de un extraño tullido que intentaba entregarle al alguacil, y de haberlo dejado malherido— vuelve junto al cabrero y este no se comporta con él como esperaba: «Entendió que el viejo no sería quien le entregara la llave al mundo de los adultos, ese en el que la brutalidad se empleaba sin más razón que la codicia o la lujuria. Él había ejercido la violencia tal y como había visto hacer siempre a quienes le rodeaban y ahora, como ellos, reclamaba su parte de impunidad. La intemperie le había empujado mucho más allá de lo que sabía y de lo que no sabía acerca de la vida. Le había llevado hasta el mismo borde de la muerte y allí, en medio de un campo de terror, él había levantado la espada en vez de poner el cuello. Sentía que había bebido la sangre que convierte a los niños en guerreros, y, a los hombres, en seres invulnerables. Creía que el viejo le haría pasar, coronado de laurel por un esclavo, bajo el arco de la victoria». Pero no es así.

Jesús Carrasco. Intemperie (2013). Barcelona: Seix Barral, 2013; 224 pp.; col. Biblioteca Breve; ISBN: 978-84-322-1472-1.

jueves, 26 de marzo de 2020

'Cinco novelas cortas', de Antón Chéjov

Antón Chéjov es uno de los muy pocos escritores de los que me interesa todo, pues los personajes y los conflictos que narra siempre me parecen verdaderos, algo que se puede comprobar en Cinco novelas cortas, historias todas ellas centradas en descubrimientos personales y giros vitales. 

En Una historia aburrida, un prestigioso catedrático de medicina que aguarda su muerte y no se siente comprendido por nadie, se da cuenta de que tampoco él comprende a quienes viven a su lado. En El duelo, Laievski, un funcionario quejoso en el Cáucaso, cansado de la mujer con la que vive y pensando sólo en escapar de la vida que lleva, cambia por completo después de ser desafiado a un duelo por un zoólogo darwinista llamado von Koren. En La sala número seis un médico de un psiquiátrico acaba siendo ingresado él mismo. En Relato de un desconocido, un revolucionario tuberculoso se hace sirviente de una casa noble con vistas a obtener información importante, pero acaba enamorándose de la mujer a la que su señor desprecia. En Tres años, después de una boda y una vida matrimonial triste, ambos cónyuges van reconduciendo sus vidas de un modo más esperanzador.

Una de las mejores cosas de Chéjov es cómo sabe captar el sufrimiento interior de sus personajes y cómo sabe luego mostrarlo en todo su patetismo para llevarnos a comprender mejor incluso aquellas conductas que no aprobamos o que (nos parece que) nosotros nunca tendríamos. Puede hacerlo, sobre todo, gracias a su talento para, en boca de unos u otros, desvelar debilidades humanas: en El duelo, el zoólogo Von Koren, un hombre duro que también acaba reconociendo la injusticia con la que a veces razona, arremete contra un débil diácono: «su juicio está tan pervertido por esa filosofía de seminario que ve niebla por todas partes»; o critica ferozmente a Laievski delante del médico Samóilenko: «Esos lujuriosos deben de tener en la cabeza una excrecencia peculiar, una especie de sarcoma que les oprime el cerebro y condiciona toda su psicología».

Antón Chéjov. Cinco novelas cortas. Son: Una historia aburrida (Skuchnaia istoria, 1889), El Duelo (Duel,1891), La sala número seis (Palata nomer 6, 1892), Relato de un desconocido (Rasskaz neizvestnogo cheloveka, 1893) y Tres años (Tri goda, 1895). Barcelona: Alba, 2015; 440 pp.; col. Alba Minus; introducción y trad. de Víctor Gallego; ISBN: 978-8490650844.

jueves, 19 de marzo de 2020

'El rebaño excelente', de William Deresiewicz

El rebaño excelente, de William Deresiewicz, es un libro que, como anuncia su subtítulo, habla de «cómo superar las carencias de la educación universitaria de élite» en los Estados Unidos. El autor critica la concepción utilitarista y práctica de la enseñanza superior, como si su objetivo fuera proporcionar buenos empleos a sus alumnos, y se detiene a glosar la importancia de cultivar las humanidades y el papel decisivo de los buenos profesores, entre otras cuestiones.

Unas notas:

«Estudiar el pasado es tener la continua experiencia de darse cuenta de por qué pensamos lo que pensamos. La historia es la que habla a través de nosotros cuando hablamos. El crítico Northrop Frye subrayó que una educación en artes liberales tiene que llevarnos a una escena de reconocimiento como las que se producen en el clímax de las obras de teatro. Pero al estudiar las artes liberales, dijo, lo que reconocemos es precisamente a nosotros mismos».

«"La tiranía más exitosa", dijo Allan Bloom, "es aquella que elimina la conciencia de otras posibilidades". El pasado dio lugar al presente, pero es también diferente del presente. Nos enseña que las cosas no tienen por qué estar como están ahora. Nos proporciona un puesto de observación aventajado desde el que poder ver que nuestra sabiduría convencional es solo convencional, y no es sabia. Nos ofrece una salida del presente. Nos dice que las cosas cambian: no solo es que no tengan que ser como son, sino que un día no serán como son ahora. El pasado, en definitiva, nos permite crear el futuro. Quien quiera ser un líder, quien quiera encontrar una nueva dirección, es ahí donde tiene que empezar a buscar».

«Lo crucial es estudiar, no los Grandes Libros, sino simplemente grandes libros. La idea es pasar por unos cuantos libros de Kafka, por ejemplo; valdrá cualquier cosa que tenga el filo y el peso necesarios. No importa quién creó ese libro o cuándo, siempre y cuando nos inflija esa herida. El canon es irrelevante a este respecto. Un lector de veras construye su propio canon, porque este consiste precisamente en los libros que ha utilizado para crearse a sí mismo».

William Deresiewicz. El rebaño excelente: Cómo superar las carencias de la educación universitaria de élite (Excellent Sheep: The Miseducation of the American Elite and the Way to a Meaningful Life, 2014). Madrid: Rialp, 2019; 278 pp.; col. Educación y Pedagogía; trad. de David Cerdá; ISBN: 978-8432151774.

jueves, 12 de marzo de 2020

'No Society', de Christophe Guilluy

Otro libro que recomiendo vivamente: No society. El fin de la clase media occidental, de Christophe Guilluy. Esta buena reseña explica de modo completo el contenido del libro, un conseguido intento de mostrar la situación de conflicitividad social y cultural actual, y de darle una respuesta que, sobre todo, acaba siendo un feroz, pero bien fundamentado, ataque a las clases dominantes que se colocan a sí mismas en una postura de superioridad moral al tiempo que ven y tratan a las clases populares con un «reduccionismo que recuerda al del indígena de la época colonial».

La clase dominante, afirma el autor, «en materia de inmigración o multiculturalismo ha remitido a los análisis de un mundo mediático-universitario (la mayoría de las veces) originario del mundo de arriba y (siempre) llevado por un fuerte desprecio clasista. Estos expertos autoproclamados e investigadores adheridos al modelo dominante han elaborado representaciones caricaturizadas de unos medios populares que, según ellos, estarían listos para reactivar las horas más oscuras de la historia. Así, las representaciones de salón de la inmigración y del multiculturalismo se han impuesto, representaciones que no tienen en cuenta la realidad de la inestabilidad demográfica y de la inseguridad cultural que esta inmigración y multiculturalismo generan en los entornos populares».

Sin embargo, dirá más adelante, «la actitud moral del mundo de arriba no convence ya a nadie. La desconfianza de las clases populares hacia los medios de comunicación, el mundo académico o el de los expertos anuncia el fin del magisterio de los pretenciosos». Hoy en día las clases populares están hartas de las lecciones de moral de los millonarios que, mientras predican la apertura y la diversidad, no dejan de reforzar su exclusivismo. Cada vez más, «la instrumentalización del inmigrante y los pobres por la clase dominante, el mundo del espectáculo y una parte del mundo intelectual (…) se muestra como lo que es: una escenificación indecente que trata de ofrecer a la nueva burguesía un barniz social en un momento en que está abandonando el bien común».

Christophe Guilluy. No society. El fin de la clase media occidental (No Society, 2018). Madrid: Taurus, 2019; 218 pp.; trad. de Ignacio Vidal-Folch; ISBN: 978-84-306-2283-2.

jueves, 5 de marzo de 2020

'La imaginación conservadora', de Gregorio Luri

Aunque tarde, he leído La imaginación conservadora, de Gregorio Luri, un libro que se subtitula «una defensa apasionada de las ideas que han hecho del mundo un lugar mejor» y que me ha gustado mucho leer aunque, igual que el autor de esta reseña, tampoco yo «tengo la cabeza amueblada para la teoría política». Así que, por mi parte, recomiendo el libro, remito a la reseña citada y a las otras dos que se citan en ella para quien desee saber más acerca de su contenido, y selecciono dos de las notas que yo he tomado pues creo que, además de dar idea del estilo diáfano y sensato del autor, son como buenas instantáneas del mundo en que vivimos.

Una es esta: «Los museos más paradójicos son los de arte moderno, que son monumentos estables a la vanguardia en los que descubrimos la rápida obsolescencia de lo nuevo. Un museo de arte moderno no deja de ser un entrañable monumento a la melancolía. Lo que nos dice es que todo lo que alberga ha dejado de ser vanguardia. Por eso, lo que esperamos del arte innovador es que sea diferente de lo que recogen los museos de arte moderno. Cuando más previsible sea el arte de mañana, más nos decepcionará. El museo de arte moderno merece su nombre si está continuamente abriendo nuevas salas que prolonguen el relato de la modernidad con capítulos inéditos. Todas las contradicciones de nuestro presente se exponen en un museo de arte contemporáneo. Ahí está su valor: es un museo de antropología. Nos revela que el mundo humano no puede reducirse a la innovación sin negarse a sí mismo. Lo nuevo no parece ser posible sin la memoria de lo viejo. La capacidad humana para soportar la innovación es mucho más limitada de lo que los innovacionistas suelen pensar».

Otra es esta: «La corrección política (...) no es más que el blindaje de ciertos límites ideológicos frente al flujo de la historia. Lo que es nuevo es la voluntad de imponerle un correctivo a la naturaleza mediante la retórica de una razón victimológica; la convicción de que basta presentarse como víctima para tener razón. De esta manera la condescendencia se impone, aunque sea hipócrita y, aunque, de hecho, acentúe la humillación objetiva de la víctima. El lenguaje políticamente correcto es la moralización del lenguaje de los espectadores de la teatrocracia ante las escenas que hieren sus susceptibilidades, pero que no puede dejar de buscar para denunciarlas. Es políticamente correcto asegurar que el islamismo radical es cosa de cuatro fanáticos que no tienen nada que ver con el islam, que es una religión de paz y amor. Eso es, desde luego, lo que todos desearíamos, pero es más que dudoso que sea verdadero si tenemos en cuenta la pena de muerte que el islam reserva para los apóstatas, que es un mandato absolutamente incompatible con los valores occidentales. Es políticamente correcto decir que la familia tradicional, fundada por un padre y una madre, ha caducado, aunque los que tenemos una familia normalica creamos que nos ha tocado la lotería. Es políticamente correcto decir públicamente que sexo y género son cosas distintas, como si fueran universal y necesariamente distintas, pero no que un feto humano es un ser humano. Es políticamente correcto defender el aborto como un derecho aunque sea un derecho cuyo ejercicio no nos atrevemos a mirar a la cara. Es políticamente correcto decir que la emigración es una oportunidad para España, no un problema, cuando nada impide que sea ambas cosas al mismo tiempo. Es políticamente incorrecto decirle a un negro que es negro; a un gordo, que es gordo; a un ciego, que es ciego; a un viejo, que es viejo… No se le puede llamar ilegal al «sin papeles», no hay populismos de izquierdas, etc. Decir que los asiáticos son buenos en matemáticas, que los resultados escolares de los niños divergen de los de las niñas o que los juguetes bélicos no son micromachismo, hace levantar más de una ceja de sospecha en la conciencia del respetable censor público. No hay perdón para el disidente. Cualquiera que hable en público sabe que si supera ciertos límites de corrección política, nadie va a salir en defensa de su libertad de expresión. Ni tan siquiera en la universidad. Toda disidencia se paga cara. El lenguaje políticamente correcto es, en resumen, un proyecto de edulcorar las palabras para evitar que la realidad resulte amarga. Es otro intento político de ponerle límites a la naturaleza de acuerdo con nuestros prejuicios, olvidándonos de que ella siempre vuelve».

Gregorio Luri. La imaginación conservadora (2018). Barcelona: Ariel, 2018; 344 pp.; ISBN: 978-8434429611.

jueves, 27 de febrero de 2020

'Un pequeño empujón', de Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein

Un interesante libro de hace tiempo es Un pequeño empujón, o nudge, de Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein, un libro que propone lo que los autores llaman un «paternalismo libertario». Dicen que aspiran a diseñar políticas que mantengan o aumenten la libertad de elección, de ahí la palabra libertario, y que, sin coerción de ninguna clase, pretenden orientar esas políticas en direcciones que mejorarán las vidas de los ciudadanos, de ahí la palabra paternalista. En un momento de sus explicaciones, en un nota al pie, hablan de que su propuesta coincide, en su espíritu, con la de otros autores que proponen un «paternalismo asimétrico», o tomar medidas a favor de las personas menos educadas o conscientes que, a la vez, causen los menos perjuicios posibles a los demás.

En general afirman que hay que sustituir exigencias y prohibiciones por incentivos y nudges, y eso hará que el gobierno será más pequeño y más modesto y que mejore de verdad la vida de los ciudadanos. Y definen nudge así: «cualquier aspecto de la arquitectura de las decisiones que modifica la conducta de las personas de una manera predecible sin prohibir ninguna opción ni cambiar de forma significativa sus incentivos económicos. Para que se pueda considerar como nudge, debe ser barato y fácil de evitar. Los nudges no son órdenes. Colocar la fruta de forma bien visible es un nudge. Prohibir la comida basura no lo es». Al terminar el libro queda claro que «por todas partes hay nudges, aunque no los veamos. La arquitectura de las decisiones, tanto la buena como la mala, es ubicua e inevitable, y afecta en gran medida nuestras decisiones».

Para explicar el interés de los nudges ponen ejemplos de distinto tipo, algunos de vida cotidiana —la presentación de los platos en los comedores escolares cambia la forma en que se alimentan los niños—, otros publicitarios —un eslogan que, apelando al orgullo local, consigue reducir la basura en las carreteras de Texas—, otros de diseño. De estos últimos, por ejemplo, el de que, al poner una mosca dibujada en los urinarios para hombres del aeropuerto de Amsterdam, se redujeron las salpicaduras en un 80 por cien (y que en Bonn imitaron la idea poniendo una portería de fútbol…) También se detienen a explicar, por ejemplo, el poder que tienen las opciones por defecto, en los programas de ordenador que usamos, o en las hipotecas que contratamos, o en tantos otros productos, para hacer la vida más complicada o más fácil al usuario.

Están muy bien las observaciones que hacen los autores sobre las limitaciones que tenemos los seres humanos para elegir bien. Ponen ejemplos de cómo todos sufrimos tentaciones y subestimamos nuestra debilidad en momentos de excitación, y cómo somos, con frecuencia, negligentes o descuidados. Hablan de cómo se pueden contrarrestar un poco esas debilidades de distintos modos, por ejemplo con los que han sido llamados «factores canal», esas «pequeñas influencias que pueden facilitar o inhibir ciertas conductas», del mismo modo que los cambios en el paisaje puede conducir de un modo u otro la nieve que se derrite.

Los autores terminaron su libro en 2007 y publicaron su primera edición a principios de 2008. Para una edición posterior a finales de ese año pusieron un epílogo titulado «la crisis financiera de 2008». Al final concluyen esto: «La codicia y la corrupción contribuyeron a crear la crisis, pero las simples flaquezas humanas desempeñaron un papel clave. No podemos protegernos de futuras crisis si denunciamos la codicia, la corrupción y la injusticia sin mirarnos en el espejo y comprender los efectos potencialmente devastadores de la racionalidad limitada, la falta de autocontrol y las influencias sociales»

Richard H. Thaler y Cass R. Sunstein. Un pequeño empujón (Nudge): el impulso que necesitas para tomar las mejores decisiones en salud, dinero y felicidad (Nudge. Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness, 2008). Madrid: Taurus, 2009; 332 pp.; trad. de Belén Urrutia; ISBN: 978-84-306-0684-9. Nueva edición en 2017.

jueves, 20 de febrero de 2020

'Agencia matrimonial para ricos', de Farahad Zama

Agencia matrimonial para ricos, la primera novela de Farahad Zama, es un relato que deja buen sabor de boca pues tiene todas las cualidades de una narración sonriente y bien llevada, y el atractivo de unos protagonistas convincentes y bien dibujados.

Vizag, ciudad costera del sureste de la India. El señor Ali, funcionario jubilado, decide poner en marcha una «Agencia matrimonial para ricos», cuya sede está en su casa. Le ayuda su mujer y acaba contratando a una chica muy eficiente de nombre Aruna. Los criterios que tienen para encontrar la pareja adecuada son sencillos: los deseos que formula quien acude a la agencia, la compatibilidad de casta y religión, un estatus económico parecido, y también una cierta coincidencia de rasgos físicos como la altura y la complexión. El orden y la seriedad con que llevan los asuntos les va ganando una clientela cada vez mayor. La narración se centra en las peculiaridades de los clientes que les van llegando y en los problemas que a veces les plantean, pero sigue al mismo tiempo dos hilos principales: que los señores Ali están preocupados por el activismo político de su hijo mayor y que a Aruna, que tiene graves dificultades económicas en su casa, le surge un pretendiente inesperado y socialmente imposible.

La novela es un gran retrato social: se cuentan muchas costumbres locales y se acaban describiendo con detalle una boda musulmana y otra brahmana a las que asisten los protagonistas. Los diálogos son claros y, en ellos, un tema que aparece una y otra vez, como era de esperar, es el de las condiciones para que la convivencia matrimonial funcione: vale la pena leer los consejos sensatos que dan el señor Ali y su mujer a quienes acuden a ellos con pretensiones excesivas, o a quienes, por distintos motivos, actúan de modo egoísta o desconsiderado.

Farahad Zama. Agencia matrimonial para ricos (The Marriage Bureau for Rich People, 2009). Barcelona: Ediciones B, 2009; 330 pp.; trad. de Pablo M. Migliozzi; ISBN: 978-84-666-3970-5.

jueves, 13 de febrero de 2020

'La dama de blanco', de Wilkie Collins

No hace mucho releí La dama de blanco, de Wilkie Collins. Un motivo: hacía mucho que la había leído y deseaba refrescar en mi memoria el perfil de algunos personajes. Otro: es un relato absorbente como pocos, debido a su hábil construcción, al enorme atractivo de la heroína y del malvado, y, por supuesto, a las intrigas que se suceden. Además, Collins afirma, en su prólogo, que se asesoró bien para presentar correctamente los pormenores legales de su relato, dirigido por otro lado a mostrar que la ley de su tiempo y su país era injustamente favorable a los maridos frente a sus esposas. Que el autor pidiese que, en su epitafio, se pusiese «autor de La dama de blanco y de otras obras de ficción», da idea de que consideraba esa novela, la quinta que publicó, como la mejor de las suyas, opinión que hoy comparten muchos también.

El joven Walter Hartright es contratado como profesor de dibujo de las hermanas Marian Halcombe y Laura Fairlie, de la que se enamora. Pero, como el padre de Laura, ya fallecido, había comprometido su matrimonio con sir Percival Glyde, un barón y terrateniente vecino, Walter se marcha, no sin temor, pues una dama fantasmal llamada Anne Catherick —con un gran parecido físico a Laura, y a la que había conocido en circunstancias extrañas— reaparece para, enigmáticamente, advertir contra el barón. Sin embargo, Laura y sir Percival se casan y, cuando regresan de su desastroso viaje de bodas, con una larga estancia en Italia incluida, Laura puede sobrellevar el comportamiento iracundo del barón gracias al apoyo de Marian. Pero entra en escena también un amigo italiano del barón, el untuoso y cortés conde Fosco, casado además con una tía de Laura, que conspira con sir Percival para hacerse con el dinero que le corresponde a Laura por herencia.

Una parte del interés de la historia está en el recurso —original entonces— de contarla mediante una sucesión de relatos, ordenados cronológicamente, a cargo cada uno de alguien que vivió en primera persona los hechos. Así lo explica el primero de los narradores y recopilador de todo el material: «cuando el que escribe estas líneas introductorias (de nombre Walter Hartright) haya estado en relación más directa que otros con los sucesos de que habla él mismo lo contará. Cuando falle su conocimiento de los hechos dejará su lugar de narrador, y su tarea la continuarán, desde el punto en que él lo haya dejado, personas que pueden hablar de las circunstancias de cada suceso con tanta seguridad y evidencia como él mismo ha hablado en anteriores ocasiones». En su Introducción a la literatura inglesa (Madrid: Alianza, 1999), Jorge Luis Borges y María Esther Vázquez indican que «bajo el influjo de la novela epistolar del siglo XVIII, Collins fue el primer novelista que usó el procedimiento de que una historia fuera contada por los personajes de la fábula. Este concepto de los diversos puntos de vista sería utilizado y profundizado después por Browning y por Henry James».

Otra parte del interés procede de la galería de personajes y del particular punto de vista de cada narrador. Son excelentes, pero menores, el hipocondríaco y clasista Frederick Fairlie, tío de Laura, la rencorosa Jane Catherick, madre de Anne, o el ama de llaves Eliza Michelson, que se tiene a sí misma por «humana e indulgente con los extranjeros», dado que «no tienen nuestras virtudes y nuestras ventajas, pues casi todos se han educado en los errores ciegos del papismo». Sin embargo, el nivel sube cuando entran en acción y hablan la decidida Marian Halcombe y, sobre todo, el asombroso conde Fosco —químico de profesión, enfermizamente tierno con unos canarios y unos ratones a los que adiestra, capaz de amenazar salvajemente del modo más cortés…—.

Entre otras cosas, se puede destacar de Marian Halcombe cómo sus afirmaciones acerca de los modos de pensar y actuar de las mujeres se ven desmentidas una y otra vez por sus propios hechos. Así, una vez afirma que la mente de las mujeres «es demasiado versátil y nuestros ojos son demasiado desatentos»..., pero no los suyos. En otra señala que, por no ser más que una mujer, está «condenada a tener paciencia, corrección y faldas para toda la vida» y ha de arreglárselas «como pueda de una manera débil y femenina»…, que no es la suya tampoco. Es un gran acierto de la trama que la única debilidad de Fosco sea, precisamente, la gran admiración que siente por Marian.

Del conde Fosco, Marian, en su diario, afirma que lo que «le hace único entre los demás mortales, está sobre todo y ante todo y hasta dónde puedo afirmar por ahora, en la expresión y en la fuerza extraordinaria de sus ojos. Sus modales y el dominio absoluto que posee de nuestro idioma han contribuido hasta cierto punto a que gane mi aprecio. Escucha a una mujer con una deferencia sosegada, con una mirada llena de un interés plácido y vivo. Le habla con una voz que trasluce una gran delicadeza interior, y ello, hay que decirlo, resulta irresistible». Más adelante señalará que había «cierta relación misteriosa entre sus más profundos sentimientos y sus refinamientos más espectaculares» y apreciará que sus más insignificantes acciones «ocultaban siempre un propósito recóndito».

Wilkie Collins. La dama de blanco (The Woman in White, 1859). Barcelona: Montesinos, 1989: 431 pp.; trad. de Maruja Gómez Segalés; ISBN: 84-85859-78-2. Otra edición en Barcelona: Debolsillo, 2010; 816 pp.; col. Clásica; trad. de Maruja Gómez Segalés; ISBN: 978-8499086316.

jueves, 6 de febrero de 2020

'Hablando de niños', de Carlos González

Hablando de niños, de Carlos González, me ha gustado mucho al mismo tiempo que me ha parecido un libro costoso para una mayoría de lectores que, lógicamente, no conocerán tantas novelas como se comentan y citan de Charles Dickens, George Eliot, Charlotte y Emily Brontë, etc.

Al comienzo el autor explica que pensaba titular su libro «El niño en la literatura inglesa del siglo XIX» pero que abandonó su idea por ser una frase larga y porque, al fin, sería inexacta, pues también hablará de libros de otras áreas geográficas y lingüísticas. No es una obra de análisis literario, aclara, pero sí «el homenaje de un lector apasionado y un padre agradecido» a las muchas y grandes novelas decimonónicas que hablan de las relaciones entre padres e hijos. El autor mostrará cómo en ellas abundan los padres maravillosos y los padres desastrosos y cómo casi se podría decir que los que faltan son «padres intermedios».

En un tono amable y conversacional se van contando escenas y dando citas de muchas novelas, por un lado para explicar que algunas ideas que tenemos del pasado son falsas —señala, por ejemplo, que hoy muchos piensan “menos mal que somos padres modernos, padres que se involucran en el cuidado de sus hijos, no como los de antes”, pero que tal idea es falsa. Y por otro, para concluir, en mi opinión con acierto, que «muchas de las dudas que asaltan a los padres de hoy encontrarían una más juiciosa respuesta en las grandes novelas del pasado que en los pequeños manuales del presente».

También dirá el autor que «hacia finales del siglo XX, la calidad de la literatura escrita para niños disminuyó de forma espectacular: libros cada vez más cortos, con letra grande y muchos dibujos, con vocabulario restringido, sintaxis simplificada y una moralidad que a menudo cae en la cursilería (una moralidad que no se basa en la comprensión y el análisis de la conducta humana…)». Esta idea se puede formular de otro modo: las mejores novelas del pasado (no hay que olvidar que a nosotros sólo nos han llegado esas y no todas las que han desaparecido para siempre) se tomaban en serio los conflictos de sus protagonistas niños y jóvenes y se tomaban en serio a sus lectores...

Carlos González. Hablando de niños. Un apasionado recorrido por la crianza en la literatura (2019). Barcelona: Espasa, 2019; 276 pp.; ISBN: 978-84-670-5511-5.

jueves, 30 de enero de 2020

'Ángulo de reposo', de Wallace Stegner

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En Ángulo de reposo, de Wallace Stegner, un historiador llamado Lyman Ward, ya retirado e inválido, investiga la vida de sus abuelos Oliver y Susan Ward, una pareja de alta sociedad del Este que, al casarse, se trasladaron al Oeste. Se basa, sobre todo, en los documentos que conserva de su abuela, una conocida escritora e ilustradora de la segunda mitad del siglo XIX: a partir de sus cartas, relatos y dibujos reconstruye cómo fueron su vida y la de su marido, un ingeniero de minas que desarrolló diversos proyectos en lugares variados, unos con éxito y otros sin él. De paso, al presentar sus actuales circunstancias, vamos conociendo parcialmente las vidas de las tres generaciones siguientes, la del padre del narrador, la del mismo narrador y la de su hijo.

El narrador presenta su trabajo como un intento de biografiar con honradez a una mujer excepcional, Susan Ward —la única de la que hay testimonios personales—, y de comprenderla bien a ella y a su mundo: «me gustaría oír tu vida como tú la oyes —le dice dirigiéndose a un cuadro suyo—, acercándose a ti, en vez de oírla como yo la oigo, un sonido austero de expectativas reducidas, deseos mitigados, esperanzas postergadas o abandonadas, oportunidades perdidas, derrotas aceptadas, agravios sufridos». En otro momento afirma que desea comprender la vida del matrimonio Ward, con sus muchos años felices y sus años de desunión, hasta el «ángulo de reposo» en que él ya los conoció: este planteamiento propicia contrastes entre los comportamientos de antes y los de gente como el hijo del narrador o la chica que lo cuida, personas que piensan en el matrimonio y la familia como instituciones extinguiéndose, gente que, «como el comandante en Vietnam, lamentará mucho tener que destruir nuestra aldea para salvarla».

También tiene intensidad la componente que cabría llamar aventurera: en este sentido estamos ante una gran novela del Oeste, realista en su presentación del esfuerzo de algunas personas para enfrentarse a una nueva realidad y para construir un mundo civilizado tal como ellos lo entendían. El narrador tiene mucho interés en señalar que tanto Oliver Ward como algunos que trabajaban con él «no participaban en ninguna carrera por la riqueza» y «atribuirles el motivo del dinero es degradarlos»; sí, continúa, «supongo que estaban equivocados —toda su civilización estaba equivocada— pero eran la antítesis de la mezquindad y de la codicia». Es formidable la personalidad de Oliver Ward, un visionario cuyos planes fueron certeros pero prematuros, un hombre cuyo «reloj tenía puesta la hora de los pioneros».

Wallace Stegner. Ángulo de reposo (Angle of repose, 1971). Barcelona: Libros del Asteroide, 2009; 712 pp.; trad. de Fernando González; ISBN: 978-84-92663-08-8.

jueves, 23 de enero de 2020

'Paradero desconocido', de Catherine Kressman Taylor

Paradero desconocido, de Catherine Kressman Taylor, es una obra de ficción de 1938 que anunció el nazismo de una forma que, vista hoy, parece sorprendente (aunque no lo era para quien había leído con atención a Hitler y se lo había tomado en serio). También es un relato sobre una amistad traicionada: no sé hasta qué punto Fred Uhlman se pudo inspirar en él para escribir Reencuentro.

Es una historia corta epistolar que presenta la correspondencia entre dos amigos a partir de 1932, cuando ambos se sienten muy próximos. Uno es un judío que vive en San Francisco, y el otro un alemán que ha regresado a Berlín después de vivir unos años en Estados Unidos. El primero, Max Eisenstein, pasó su juventud en Alemania y es ahora propietario de una galería de arte. El segundo es su socio Martin Schulse, que vuelve a vivir con su familia en Munich y, con el paso de los años, se hace nazi.

La narración es intensa y se puede leer de un tirón. Su fuerza está en lo bien que habla de amistad, en lo creíble que resulta la evolución de la historia, y en el duro desenlace. Y, también, en su capacidad de agitar al lector, a quien le hace plantearse indirectamente cuál cuál sería la respuesta de su conciencia, y cuál sería su comportamiento, en situaciones como las descritas, o en otras semejantes que puedan poner igualmente a prueba su integridad moral.

Catherine Kressmann Taylor. Paradero desconocido (Address Unknown, 1938). Barcelona: RBA, 2001, 2ª ed.; 76 pp.; trad. de Carmen Aguilar; ISBN 84-7901-684-1. Nueva edición en 2016; ISBN: 978-8490567289.

jueves, 16 de enero de 2020

'El honor perdido de Katharina Blum', de Heinrich Böll

En El honor perdido de Katharina Blum, con acentos explicativos y una poderosa ironía, Heinrich Böll narra los acontecimientos que condujeron a que Katharina Blum, una chica que trabajaba en el hogar de los señores Blorna, asesinara al periodista Werner Tötges.  El narrador tiene la intención de mostrar cómo la prensa sensacionalista, el PERIÓDICO, siempre citado con mayúsculas, puede arruinar la vida de una persona. De paso, se revelan las complicidades hipócritas que lo permiten.

Aunque la novela esté un tanto anticuada y tenga un explícito carácter panfletario, ha quedado como un clásico acerca del tema y es también una muestra de la fuerza narrativa del autor.

Un ejemplo de actuación periodística malévola:

«Ella se limitó a decir:

—¿Por qué ha tenido que terminar así?

Pero el PERIÓDICO lo transformó en la frase: “Era inevitable que algún día terminaría así”.

La explicación que dio el periodista a este pequeño cambio en la declaración fue la siguiente:

—Como reportero estoy acostumbrado a ayudar a las personas con dificultades de expresión».

Comenté algunas novelas y relatos más de Heinrich Böll en bienvenidosalafiesta.

Heinrich Böll. El honor perdido de Katharina Blum o Cómo surge la violencia y a dónde puede conducir (Die verlorene Eher der Katharina Blum oder: Wie Gewalt entstehen und wohin sie führen kann, 1974). Madrid: Espasa Calpe, 1995; 176 pp.; col. Grandes de Bolsillo; trad. de María Teresa Chiclana Otal; ISBN: 8423991229. Otra edición en Austral, 2010; 160 pp.; trad. de Helena Kathendal; ISBN: 978-8432248184.

jueves, 9 de enero de 2020

'Corazón que ríe, corazón que llora: cuentos verdaderos de mi infancia', de Maryse Condé

Como todo buen libro de memorias de infancia, y más si es de un lugar que me resulta poco familiar, me ha interesado Corazón que ríe, corazón que llora, de Maryse Condé, una autora que no conocía.

Con una prosa fluida y ágil, la autora recuerda su niñez en la isla francesa y caribeña de Guadalupe y también en Francia, pues su familia, de clase acomodada, viaja allí con alguna frecuencia. Se suceden juegos y descubrimientos infantiles, y el relato da cuenta de las emociones de niña y adolescente de la narradora. Al final, a mediados de los años 50 y cuando tiene unos 16 años, se marcha a París para estudiar allí, primero en el liceo y luego en la universidad. En favor de la protagonista, pero también para indicar que su relato no es complaciente, así se retrata en esos años finales: «Cuando me disponía a examinarme, con un año de adelanto, de segundo de bachillerato, era la auténtica personificación de la inteligencia disfrazada de maldad».

La narración introduce al lector en una sociedad que oscila entre la influencia francesa y las costumbres locales y acentúa cómo la narradora se va dando cuenta de los resabios clasistas de sus propios padres —«mis padres jamás eran espontáneos»—, a la vez que percibe cómo en Francia su familia, por más que tuvieran ínfulas de clase alta, era tratada con desdén —«nadie nos prestaba atención»—. La narradora señala la forma de ser dominante de su madre y, a la vez, su propia insolencia hiriente con ella, de forma que, dice, «invariablemente terminaba balbuciendo hecha un mar de lágrimas: "¡Si te muerdes, te envenenas!"».

Maryse Condé. Corazón que ríe, corazón que llora: cuentos verdaderos de mi infancia (Le coeur à rire et à pleurer – Souvenirs de mon enfance, 1999). Madrid: Impedimenta, 2019; 170 pp.; trad. y prólogo de Martha Asunción Alonso; ISBN: 978-84-17115-99-9.

jueves, 2 de enero de 2020

'Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939)', de Plácido Gil

Un libro que vale la pena conocer: Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939), de Plácido Gil. El autor, monje benedictino en la abadía de Leyre, Navarra, tenía 15 años el 18 de julio de 1936 y entonces era novicio en el Monasterio de El Pueyo, Barbastro. Tras el asesinato de todos los monjes, él trabajó primero en los comedores de los milicianos en Barbastro; luego se trasladó a Caspe, donde también fue camarero en el casino, centro de operaciones de los anarquistas y republicanos; después vivió en Poal, un pueblo leridano, con una familia que le acogió; finalmente, al terminar la guerra, pudo regresar a su casa de Lumbier, Navarra, donde le creían muerto.

El autor explica en el prólogo que sólo pretende narrar lo que vivió y que no es su intención realizar juicios políticos. Así actúa en su relato, que respira la veracidad de quien cuenta las cosas tal como las siente y las ve, y de quien no esconde la ignorancia que tenía entonces de las realidades del mundo en el que vivía. Además, aunque la historia está bien escrita, su fuerza se deriva de que no hay propósitos de armarla ni de darle color literario; incluso cabría señalar que la bondad y la fe del narrador, así como la distancia de los hechos, le llevan a mirarlo todo con altura infrecuente.

Plácido Gil. Un adolescente en la retaguardia. Memorias de la Guerra Civil (1936-1939) (2006). Madrid: Encuentro, 2006; 213 pp.; col. Memorias; ISBN: 84-7490-778-0.

jueves, 26 de diciembre de 2019

'El octavo día', de Thornton Wilder

El octavo día fue la última novela de Thornton Wilder. Ese dato importa porque sólo una gran madurez da el dominio necesario para abordar y controlar un argumento que, centrado en un acontecimiento singular, abarca cuatro generaciones y toca muchas teclas distintas. Puede dar idea de lo anterior decir que tiene partes de intriga detectivesca, y de huida y persecución; otras de lucha por sobreponerse a la pobreza, y también de ascensos sociales fulgurantes; otras de denuncia de los abusos laborales sobre los que se construyen algunas fortunas; otras de reflexión, sobre las consecuencias que tiene una u otra educación; más, sobre los cimientos de los Estados Unidos y sobre la imposibilidad de comprender los destinos humanos… Luego, el relato avanza hacia delante y hacia atrás con fluidez: el autor mantiene al lector en vilo, anunciando cosas que ocurrirán, buscando explicaciones en el pasado, y siendo también un tanto impredecible. Eso sí, no todo es perfecto: a la historia tal vez le sobran algunas divagaciones y preguntas retóricas en boca del narrador o en la de algunos personajes, por más que algunas sean interesantes y que, sin duda, esa sea una manera de darle un sabor particular.

En un extraordinario prólogo se presentan el escenario —Coaltown, una ciudad provinciana minera de Illinois—, los principales personajes y el misterio principal: el año 1902, al director de la empresa minera, Breckenridge Lansing, su amigo y gerente de la mina, John Ashley, le disparó por la espalda en presencia de sus respectivas esposas, Eustacia y Beata. A pesar de lo extraño del asunto los hechos no dejan lugar a dudas y John Ashley es condenado pero, durante su traslado a prisión, unos misteriosos enmascarados aturden a los guardias y lo liberan. En sucesivos capítulos la novela sigue la escapada de Ashley hasta Chile, donde acaba trabajando en otra empresa minera; la marcha de su hijo Tom a Chicago, con 17 años, y cómo se abre camino allí como periodista; la vida difícil de Beata y sus tres hijas, que se quedan en el pueblo y terminan abriendo una pensión; y la de Eustacia y sus dos hijas e hijo. También, el relato va echando atrás la vista para saber quiénes fueron los padres alemanes de Beata y los criollos de Eustacia, y encontrar ahí algunas explicaciones o justificaciones de lo que sucedería después.

Al final del relato tendremos la explicación del título: este se propone al principio, en una fiesta para dar la bienvenida al nuevo siglo, cuando un médico escéptico anuncia que la humanidad inicia una etapa en la que surgirá un hombre nuevo, el hombre del octavo día. La narración contiene muchas referencias de toda clase: a la antigüedad romana; a obras literarias de muchos lugares, rusas en particular; a canciones de tipo popular o religioso, etc. Son también abundantes las explicaciones caracteriológicas: se hacen generalizaciones amplias y se obtienen, a veces, conclusiones excesivas. Pero al lector no le importará mucho pues la tensión por saber qué ocurrió es continua y, como en cualquier novela dickensiana, aparte del interés de las historias que cuentan ascensos sociales y las que hablan de la lucha por salir de la pobreza, surgen aquí y allá personajes secundarios magníficos. El narrador subraya que así, del entretejido de vidas humanas que presenta, nace Norteamérica; y conduce bien al lector a la idea de que la vida es para nosotros como un tapiz por detrás, todo hilos y nudos, en el que «no es posible ver el diseño de conjunto», tal como afirma un personaje un tanto místico. Por último, el desenlace no defrauda.

En bienvenidosalafiesta comenté también El puente de San Luis Rey.

Thornton Wilder. El octavo día (The Eight Day, 1967). Madrid: Automática, 2013; 530 pp.; trad. y notas de Enrique Maldonado Roldán; ISBN: 978-84-15509-14-1.

jueves, 19 de diciembre de 2019

'El rector de Justin', de Louis Auchincloss

El rector de Justin, de Louis Auchincloss, es una biografía de un personaje ficticio: el clérigo episcopaliano Francis Prescott, fundador y durante muchos años director de un selectísimo internado masculino norteamericano, San Justin Martyr. Es magnífica la forma en que se despliega la vida de Prescott: primero, a través del diario de Brian Aspinwall, un novato profesor de Justin que se gana la confianza de Prescott y de su esposa; luego, cuando un viejo amigo de Prescott, Horace Havistock, le hace llegar a Brian unos folios que había escrito él hacía tiempo; después, alternándose con el diario de Brian, los testimonios de algunos exalumnos y de una hija de Prescott.

El retrato del personaje queda completo —tanto su excepcionalidad humana como las debilidades que se ocultaban bajo su enorme autoridad moral ante muchos— y, con él, van apareciendo en el libro consideraciones variadas de interés.

Así, pinceladas como esta, que da un antiguo alumno sobre su madre: «Amaba a la humanidad, pero miraba con una benevolencia nebulosa, algo hastiada, a sus ejemplares concretos, incluso cuando ese ejemplar resultaba ser su hijo mayor. Papá era rígido e irritante, pero al menos se preocupaba».

O, en relación a la educación, este diálogo entre Prescott y Brian cuando, ya jubilado Prescott, pasean por el colegio, ven entrar caóticamente a los chicos en el comedor, y Brian comenta:

«—Supongo que, pese a todo, se las arreglan para entrar en el comedor —dije, algo perplejo.

—Claro que entran, pero ¿acaso las formas no significan nada para ti? Cuando hayas sido profesor tanto tiempo como yo, sabrás que las formas son las tres cuartas partes de la batalla. —Desclavó su bastón—. ¡No! ¡Nueve décimas partes!

—Me sorprende escuchar eso de alguien tan preocupado por lo esencial.

—Oh, ya lo sé, piensas que soy un viejo quisquilloso —farfulló, enfadado, mientras seguía caminando—. Pero eso es sólo porque resulta que soy viejo. Si fuera veinte años más joven y dijera lo mismo, la gente diría que soy profundo. Ésa es la maldición de ser viejo».

Louis Auchincloss. El rector de Justin (The rector of Justin, 1964). Barcelona: Libros del Asteroide, 2010; 388 pp.; trad. de Ignacio Peyró; ISBN: 978-84-92663-25-5.